¡Visita a la Confraria de Pescadors y la Torre del Rellotge de la Barceloneta!

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Lamentablemente, sorprende cada vez más que, en una ciudad como Barcelona, tan enfocada al Turismo o al Diseño, entre otras actividades económicas, sobrevivan (más bien, intenten sobrevivir) actividades más de tipo tradicional e, incluso, anteriores a la industrialización. Pero lo hacen y con gran esfuerzo, sudor y trabajo, motivo por el cual, dentro de la sorpresa que supone que aún estén ahí, es algo que hay que valorar y, sobre todo, fomentar con el fin de que no desaparezcan en un mundo que en muchas ocasiones no cuenta con ellos. Éste es el caso del protagonista de la entrada de hoy, una actividad económica que tuvo una gran importancia en Barcelona y que, poco a poco, sin embargo, se está viendo engullida por la globalización y el resto de quehaceres de la ciudad.

Hoy me gustaría hablaros de la Confraria de Pescadors de Barcelona, una institución que pudimos conocer ya hace algún tiempo en La Bcn Que Me Gusta aprovechando que tenía lugar el 48h Open House Barcelona, convirtiéndose su visita en una excelente manera de ver que la ciudad tiene un sinfín de actividades y colectivos que van mucho más allá de los que habitualmente vemos.

La pesca en Barcelona, como ciudad portuaria que siempre ha sido, se remonta a tiempos de su fundación. No obstante, el colectivo de pescadores de la Barceloneta tiene sus orígenes en el Medievo, momento en el cual, entre otras cosas, consiguieron la construcción de su gran templo, Santa Maria del Mar (en su altar observamos un reconocimiento a la Confraria de Pescadors i Mariners de Barcelona, así como también sucede en distintos capiteles de la basílica, además de tener ésta el privilegio de disponer de llaves que le permitían reunirse en su interior). Sin embargo, el presente de la Confraria de Pescadors lo acabamos de entender a partir de la construcción del barrio de la Barceloneta y la consecuente destrucción del Born en el año 1753, pasando a ser la nueva iglesia de Sant Miquel del Port el centro neurálgico del barrio, así como también del Gremio de Pescadores.

Es en esta nueva localización que toma también relevancia una construcción que, por otro lado, también forma parte del ideario popular barcelonés, la Torre del Rellotge de la Barceloneta, en su momento conocida como La Farola, construida en el año 1772, aunque su presencia la tenemos registrada con anterioridad, como veremos un poco más adelante en esta misma entrada, convirtiéndose en uno de los primeros faros del Mediterráneo (tras el faro de Génova del año 1543).

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La visita a la Confraria de Pescadors de Barcelona

Todo ello, así como también la actual organización de la cofradía, lo pudimos conocer a partir de la visita guiada que os comentaba que se llevó a cabo en el marco del 48h Open House Barcelona. No obstante, la institución organiza también visitas a lo largo del año de lo más interesantes que seguro que os hacen descubrir aspectos de la ciudad que desconocíais, pues éstas no sólo pretenden dar a conocer la actividad que gestionan, sino también fomentar el consumo del pescado fresco que aún actualmente se pesca y comercializa en nuestra ciudad, siempre en pequeñas cantidades, para nada industriales y, por tanto, de manera sostenibleAquí os dejo más información por si estáis interesados.

Durante nuestra visita, pudimos conocer cada uno de los espacios que tienen un papel destacado en la actividad de la cofradía, entre los cuales cabe destacar la zona de redes o la de embarcaciones, así como también informaciones que desconocíamos por completo, como podrían ser los distintos tipos de red con los cuales trabajan (artes menores, palangre y arrastre), los barcos que acogen (la embarcaciones no se pueden vender, se tienen que desguazar si se quiere una nueva, puesto que no hay más plazas que las 32 barcas que actualmente acogen) o las tradiciones pesqueras aplicadas en Barcelona (tradición andaluza y tradición catalana), entre otros.

 

La visita también nos ayudó a acercarnos un poco al sentimiento del pescador. Como bien nos dijeron, se nace pescador, dado que en las venas de cada uno de los pescadores de la cofradía corre la experiencia de generaciones y generaciones de familias enteras que se han dedicado a ello. Es precisamente este hecho el que nos lleva a hablar de otro aspecto, del funcionamiento de la cofradía como una comunidad, siendo cada uno de sus miembros el que colabora fraternalmente en la manutención de los más componentes necesitados, como podrían ser, por ejemplo, las viudas.

Actualmente, la Confraria de Pescadors de Barcelona tiene 300 miembros, de entre los cuales se escogen cinco representantes de cada uno de los sectores pesqueros que la componen.

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Uno de los espacios más divertidos que pudimos visitar, especialmente porque supuso una cierta interacción por parte del visitante, fue la Lonja, ese lugar donde se comercializa el pescado recién desembarcado. En primera persona, recreamos una subasta de pescado para conocer el funcionamiento del sistema de venta que normalmente se utiliza. Lejos de lo que muchos y muchas hemos podido vivir en otras localidades más pequeñas o épocas, en las cuales se acostumbra o acostumbraba a hacerlo a voz viva, actualmente se encuentra todo informatizado. Aun así, fue toda una experiencia… ¡sobre todo cuando se daba una colisión entre dos posibles compradores y el precio se disparaba o volvía a poner a cero!

El pescado que no se acaba vendiendo se acostumbra a dar a personas o instituciones del ámbito más social o conventos. Por otro lado, aquel pescado ilegal que haya llegado, por ejemplo, entre las redes, se regala o da al zoológico.

 

Finalmente, destacar que la Confraria de Pescadors no sólo se encarga de llevar a cabo una actividad tradicional y comercial, sino que también tiene un papel importantísimo a nivel medioambiental. Para ello, del mismo modo que también lo hacen otras cofradías de pescadores del estado, trabajan en el proyecto Marviva de la Agència de Residus de Catalunya por tal de recoger todos aquellos residuos que se arrastran y pegan en las redes de pesca.

 

Dado que ya nos hemos paseado un poco por la Confraria de Pescadors de Barcelona. ¿Qué tal si pasamos a un poco de historia para conocerla mejor, a ella y a uno de sus iconos más destacados, la Torre del Rellotge?  ;)

1) La Confraria de Pescadors de Barcelona

Como hemos indicado, la Confraria de Pescadors tiene tras ella una larga historia, así pues, no podíamos continuar esta entrada sin obviarla. Para ello, os recomiendo la lectura de La Barceloneta, Guia d’història urbana de Daniel Venteo, dado que en ella se hace un breve recorrido por la historia del barrio que la acoge, el barrio de la Barceloneta, sin el cual no se entiende la evolución de la cofradía.

De todos modos, a nivel más histórico, también os recomiendo echar un vistazo a El marqués de Verboom, ingeniero militar flamenco al servicio de España de Enrique Wauwermans, un libro del año 1894 que nos ayuda a entender el plan urbanístico que se llevó a cabo en la zona bajo instrucciones militares y tras la Guerra de Sucesión.

La Barceloneta era el único barrio de Barcelona construido fuera muralla, encontrándose, de este modo, completamente aislado hasta la construcción del ferrocarril. Eso conllevó que se gestase en ella un carácter propio, una identidad muy potente de barrio que, incluso, se destacada en el Diario de Barcelona del mes de julio de 1869:

Algunos vecinos de ciertas calles de la Barceloneta han colocado al extremo de ellas unas cadenas de hierro a fin de que no pasen carruajes por las citadas calles y no les incomoden para tomar el fresco en las aceras

 

Por su proximidad, obviamente, se le llamaba también el Barri de la Platja y en él habitaban pescadores, pero también personajes vinculados con el almacenaje y la construcción y reparación de barcos. La pequeña menestralía que se instaló en la desembocadura del Rec Comtal también tenía su residencia en La Barceloneta. Pero éste no era el único nombre por el cual se conocía la Barcelona ni tampoco éstos fueron sus únicos habitantes… En el siglo XVIII llegaron inmigrantes italianos a Barcelona y todos ellos se instalaron en el barrio marinero, de ahí que se empezase a conocer también la zona como el Barri d’Òstia. Como curiosidad, decir que hasta hace poco ha habido un bar en la Barceloneta cuyo letrero incluía un perfil urbano de Ostia (puerto de Roma).

En este contexto, consecuencia de la aplicación del Decret de Nova Planta pero también de la llegada de marineros tanto barceloneses como italianos, nació y creció la Barceloneta, convirtiéndose en el punto de exportación por excelencia de Barcelona al mundo, a lugares como Francia, Cerdeña o Venezuela. De hecho, como curiosidad, mencionar que en Puerto Rico existe la localidad de La Barceloneta, una isla caribeña fundada por un naviliero del barrio barcelonés el 1 de julio de 1881. Su símbolo heráldico aún muestra las cuatro barras de los condes de Barcelona y la cruz de Sant Jordi.

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La Confraria de Pescadors, sin embargo, se conoce desde la Edad Media, tal y como hemos mencionado en unas líneas anteriores; no obstante, los inicios de la entidad que conocemos ahora se remontan a tiempos más cercanos, al siglo XVIII, momento en el cual el antiguo Gremio de Pescadores es remodelado organizativamente dividiéndose en tres nuevos gremios: el Gremio de Pescadores, el Gremio de Marineros y el Gremio de Mestres d’Aixa (constructores de embarcaciones).

El patrimonio del primer gremio se limitaba a tres barracas en la playa que componían su sede social y se conformaba de una cofradía que, a su vez, adquiría esas funciones más de tipo asistencial, tan propias de los gremios, que antes mencionábamos. Los fondos recaudados mediante la venta de pescado, así como también las cuotas, aplicadas en función de los beneficios obtenidos, se invertían, por ejemplo, en la asistencia de pescadores enfermos, la creación de pensiones de jubilación o la manutención de viudas o hijos menores. Lamentablemente, a partir de una Real Orden, el rey Fernando VII en el año 1827 limitó las funciones de los gremios, entre ellas también las de los pescadores. Ante esta circunstancia, la cofradía pasó a denominarse Pòsit de Pescadors y a potenciar, siendo uno de los primeros gremios que lo llevó a cabo y, por tanto, a partir del cual el resto de gremios hizo algo similar, la creación de cajas de crédito y entidades gestoras para continuar prestando las antiguas funciones.

Con el tiempo, se acabaría creando el movimiento cooperativista, un acción que tendría remarcable importancia en Catalunya, siendo Barcelona la primera localidad del estado donde se creó una cooperativa, y muy especialmente en la Barceloneta, pues es en este barrio que se creó no sólo la primera cooperativa, sino también La Fraternitat (cooperativa cuyo edificio, obra del colaborador y yerno de Lluís Domènech i Montaner, Francesc Guàrdia i Vial, aún se conserva reconvertido en biblioteca pública), entre muchas otras instituciones de funciones similares.

La industrialización, la llegada de embarcaciones de lujo a partir, especialmente, de los Juegos Olímpicos y las nuevas necesidades del Port de Barcelona, así como también un poco antes la Guerra Civil española (ésta acabó con gran parte de la flota pesquera de la ciudad, a pesar de que en época franquista se intentó recuperar haciendo obligatoria la afiliación a las cofradías a pescadores y armadores de embarcaciones de pesca; es en este contexto, concretamente en el año 1945, que se crea la Confraria de Pescadors de Barcelona), han provocado que cada vez sean menos los pescadores que continúan con su actividad en nuestra ciudad. No obstante, ahí siguen, al pie del cañón, conservando una actividad que forma parte de nuestro patrimonio.

Su sede social, creada a partir de la recaudación popular, se construyó en el actual Passeig de Joan de Borbó.

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2) La Torre del Rellotge 

Dentro del recinto de la Confraria de Pescadors de Barcelona se encuentra una construcción que, además de emblemática, formando parte del skyline de nuestra ciudad (hay una gran cantidad de postales, tanto antiguas como actuales que la retratan), se trata de un elemento histórico de gran importancia, así como también un símbolo del Port de Barcelona.

Y es que antes de finalizar esta entrada no podíamos olvidar mencionar la antigua Torre de la Llanterna o La Farola, el primer faro de Barcelona que, a pesar de su vital importancia, fue transformado en reloj en el año 1911, adquiriendo su actual nombre, la Torre del Rellotge.

 

Por otro lado, tiene también una gran importancia a nivel histórico, pues es también uno de los lugres donde se creó el sistema métrico decimal de la mano del científico francés Pierre F. Mechain el año 1791.

¿Por qué se dio este descubrimiento en Barcelona? Pues porque nuestra ciudad fue una de las localidades a las cuales se enviaron distintos equipos franceses para medir la longitud del meridiano que va desde la torre del Castell de Montjuïc (años más tarde se prolongaría por Jean François Aragó hasta Formentera) a Dunkerque. Dado que era imposible medir todo el meridiano, se decidió escoger un pequeño fragmento y éste era, precisamente, el segmento más largo sobre la tierra y casi en su totalidad el que se hallaba en territorio francés (tenéis más información de todo el proceso en esta entrada del blog Altres Barcelones).

Si nos fijamos, de la Torre de Montjuïc a la Torre del Reloj en realidad no se unen en línea recta, sino que Méchain lo hizo a partir del llamado Círculo de Oro para que, ópticamente, así lo pareciese.

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Puntos desde donde se realizaron la cálculos sobre un mapa del siglo XIX

 

Para conseguir esta medición, se usó la técnica de la triangulación geodésica, un procedimiento utilizado desde el Renacimiento que consistía en crear una cadena de triángulos de 30kms (hasta Dunkerque usaron 90 de ellos) cuyos vértices fuesen montañas o puntos de referencia a lo largo del meridiano. La Toesa de la Academia fue la medida que se utilizó, pues se trataba de la unidad francesa más exacta hasta la creación del Metro.

Barcelona conserva algunos discretos monumentos al Metro en los lugares desde los cuales se trazaron estas medidas:

Placa en la torre del Castell de Montjuïc

Monumento al Metro en el foso del Castell de Montjuïc

Placa en la Torre del Rellotge

Monumento en la Plaça de les Glòries Catalanes (de hecho, la Avinguda de la Meridiana recibe este nombre, precisamente, porque por ella pasaba y pasa el meridiano)

 

Por ahora, sólo he podido visitar las dos que os añado a continuación, los monumentos de la Plaça de les Glòries y de la Torre del Rellotge:

 

Antoni Gaudí, conocedor de esta historia, diseñaría un mosaico en la iglesia de Sant Pacià de Sant Andreu, lugar en el cual Méchain estuvo alojado, gracias a la hospitalidad del doctor Francisco Salvá i Campillo, médico del Hospital de la Santa Creo y miembro de la Academia Científica y Literaria de Barcelona, al tener que acudir a él cuando la Revolución Francesa estalló (Méchain nunca pudo volver a Francia y murió, finalmente, en Castelló de la Plana). De este modo, observamos cómo el mosaico representa la llamada Rosa Alquímica y el Alfa y el Omega por el mismo lugar que atraviesa la Línea Roja del Meridiano.

Según datos más exactos de la NASA, las medidas realizadas por Méchain eran erróneas. De este modo, la diez mil millonésima parte de un cuadrante del meridiano terrestre de Méchain tiene un error de 0,2 milímetros, es decir, que el metro actual no es exacto.

 

Pero, hecho este paréntesis, regresemos a la Torre del Rellotge…

Hemos dicho que se construyó en el año 1772, aunque tenemos constancia de ella en tiempos anteriores. De hecho, ya en la Guerra dels Segadors, en grabados de la época, nos consta.

1650 ca. El Pla de Barcelona, «Atlas del Marqués de Heliche», leonardo di ferrari

El Pla de Barcelona, «Atlas del Marqués de Heliche», Leonardo di Ferrari (ca 1650)

 

En la Edad Media, Barcelona disponía de distintas atalayas, entre ellas algunas hechas construir por el Consell de Cent, como serían la de Montgat, la de Sant Joan (incluida en el monasterio de Santa Clara posteriormente), la de Santa Eulàlia en Drassanes o la de Montjuïc.

En el año 1525, se lleva a cabo un proyecto de puerto llamado Mandratxe, haciendo referencia al Mandraccio, el muelle del puerto de Génova, en boga en ese momento, y en el año 1616 ya se construiría La Farola del puerto de Barcelona, una torre de base cuadrada en cuyo extremo más alto había una linterna con luz interior.

Ya en 1742, las arenas del río Besòs ultrapasaron el rompeolas, convirtiéndolo en una especie de estanque. Es por este motivo que los ingenieros militares elaboraron distintos proyectos de ampliación, con sus faros correspondientes; una ampliación que, por otro lado, sería también consecuencia de la autorización real a Catalunya de libre comercialización con América. Es en este contexto que se crea la torre que conocemos actualmente, construida en el año 1772. El encargado de todo ello, tanto del proyecto de ampliación ganador como de la torre, sería el reconocido Joris Prosper Verboom, el mismo que se encargaría de la construcción del barrio de la Barceloneta.

 

Posteriormente, cabe tener en cuenta una serie de proyectos que aportarían una mayor importancia a la zona, aunque no siempre al faro. De este modo, en el año 1842, con la ampliación del puerto, se aprobó la construcción de un faro provisional con torre y luz giratoria que en 1855 se substituyó por un aparato visible a 9 millas. En este mismo año, se aprobaría también la llamada Comisión de Faros, la cual proveía a las costas españolas de una amplia red de luces de guía y navegación para los navíos. Hasta esa fecha, tan sólo había tres faros en Catalunya y diecisiete en el resto de España; sin embargo, a partir de la Comisión, en el año 1858 ya había 40 faros en las costas españolas.

No obstante, paralelamente, unos años más tarde, el Pla d’Enllumenat de 1847 preveía mantener el faro provisional y substituirlo por uno de más pequeño que sólo sirviese como luz del puerto, un vez finalizadas las obras del muelle adosado. Así se hizo pero, debido a la ampliación del puerto, perdió su utilidad y en 1903 se planeó substituirlo por el de Montjuïc, apagándose definitivamente en el año 1907. Sin embargo, el Faro de la Barceloneta fue recuperado de un modo distinto en el año 1911, en forma de reloj (cuatro relojes, en realidad, uno en cada una de sus caras), de aquí que la que fue la Farola o Llanterna de Barcelona se acabase conociendo como la conocemos actualmente, como la Torre del Rellotge.

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Aprovechemos la entrada para recordar que Barcelona tuvo también otros faros… Según un proyecto de 1901, el puerto tenía que tener dos faros, cada uno de ellos situado en las puntas del dique del Este (el Rompeolas) y del contradique. No obstante, finalmente, sólo se llevó a cabo el del dique, a causa de las dificultades técnicas que supuso el del contradique. El Faro del Rompeolas se acabó construyendo en el año 1930 pero, finalmente, fue destruido en el año 1968, momento en el cual se perlongó el espigón. Es en este momento que apareció el mítico restaurante del Rompeolas, el Porta Coeli, localizado en la base del antiguo faro y al que seguro que muchos y muchas de vosotros, especialmente los más mayores, habríais ido en alguna ocasión.  ;)

 

Josep Pla, a Navegació d’estiu, fa una descripció poc amable de l’indret [ ]. Però per als que hi anàvem a la llum del dia, un matí qualsevol de diumenge, l’efecte era tot el contrari. Hi havia encara un motiu afegit que incitava a l’excursió matinal. El que havien estat les antigues dependències del far es van habilitar com a restaurant: el Porta Coeli, la porta del cel. Era una excusa, amable, per arribar-s’hi. La breu navegació per les aigües del port a bord de les golondrines era com una mena de viatge, una petita aventura guiada potser només per un indefinible sentiment de fugida. L’extrem de l’escullera, una mena de finis terrae particular… La llum i la planura del mar batien els grans blocs i assenyalaven camins remots que convocaven la imaginació.

Marc Soler, Els fars de Catalunya: un viatge sentimental per la costa, Barcelona. La Magrana. 2007

 

El faro que actualmente se encuentra en funcionamiento en Barcelona es el Faro de Montjuïc, el cual podemos divisar desde el Camí del Mar de Montjuïc.

 

No obstante, un último faro histórico que dominaba la costa barcelonesa y que me gustaría destacar antes de finalizar la entrada, dado que, personalmente, es el que he encontrado más interesante y desconocido, es la Farola del Prat de Llobregat, creada en el año 1852, ante la necesidad de evitar los arenales del Delta del Llobregat, sobre una antigua torre de vigía del siglo XVI (se sabe que se hacían alimaras en ella, pues figuraba en todas las cartas portolanas y libros de derrota, y que la base siempre estaba a punto de ser erosionada por el corriente fluvial). La zona en la cual se localizaba, en el mismo Delta, recibía el nombre de la Marina.

A pesar del desconocimiento actual sobre su existencia, en la época formaba parte del ideario popular y prueba de ello es que, incluso, una publicación lo luciese en su cabecera:

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El mencionado Pla d’Enllumenat otorgó a la Farola del Prat un lugar destacado en la jerarquía faronera: sería el primer faro que se edificó dentro del proyecto y, en el conjunto de Catalunya, era el segundo en cuanto a importancia tras el de Sant Sebastià.

Cuando se construyó el Faro de Montjuïc en el año 1903, se pensó en destruirlo pero el hecho de que la niebla lo tapase en ocasiones provocó que, finalmente, en el 1928 se decidiese preservarlo.

Siguió en funcionamiento durante el siglo XX, gracias a los avances tecnológicos que provocaron que pasase de ser visible a 18 millas a serlo a 21 (su estación de GPS diferencial tiene un alcance de 100 millas). Sin embargo, se afrontó a un nuevo problema, pues el nuevo Pla Director del Port de Barcelona (1998) previó que a partir del año 2011 quedase inservible entre las actividades portuarias. Actualmente, pues, a pesar de la gran importancia que tuvo, especialmente entre los pescadores y habitantes del barrio de la Marina, se encuentra en desuso y abandonado.

Antiguas fotografías del barrio de la Farola o de la Marina con el Faro del Prat de Llobregat

 

Una vez conocida toda esta historia… ¡Subamos a la torre!  ;)

La visita guiada que gestiona la Confraria de Pescadors incluye la subida a la emblemática Torre del Rellotge… ¡toda una experiencia!

 

Rápidamente, nos percatamos de que la torre da a los cuatro vientos. ¡Desde ella dominamos casi todo el puerto de Barcelona!

 

Y, con estas últimas imágenes, finalizamos esta entrada, una entrada que pretende mostrar una parte del pasado de nuestra ciudad pero también, como hemos indicado al principio de la misma, una Barcelona que aún es actual, una Barcelona con un valor único que hace que nuestra ciudad sea también distinta a tantas otras cada vez más homogéneas en un mundo globalizado.

La Farola del Prat de Llobregat, del mismo modo que lo hizo la de la Barceloneta, dejó paso al Faro de Montjuïc, el cual ilumina el Port de Barcelona del mismo modo que también lo hacen los dos pequeños dispositivos luminosos que se colocaron en el año 2015 en las bocanas norte y sur. No obstante, Barcelona necesita también de su pasado, necesita también actividades como la que lleva a cabo la Confraria de Pescadors para no perder su identidad y, junto a ella, su posicionamiento como ciudad.

Con esta pequeña reflexión, concluimos la entrada de hoy, animándoos a su vez a conocer esa otra Barcelona que se encuentra aún latente, la Barcelona del mar y, en definitiva, la que dio origen a la ciudad que tenemos hoy.

 

Para más información:

www.confrariapescadorsbarcelona.com

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