Visita a la Parròquia de Santa Anna

labcnquemegusta-santaanna27

 

En ocasiones, parece imposible que podamos encontrar remansos de paz en una ciudad como Barcelona; sin embargo, los hay y, es más, algunos de ellos se ubican en lugares realmente céntricos, como si de un oasis se tratase en mitad del ajetreo, y parados en el tiempo.

Éste es el caso de la Parròquia de Santa Anna, una de las más antiguas de Barcelona; románica (siglo XII), aunque con modificaciones posteriores que la ubican también en el Gótico. Se localizaba fuera murallas, en el barrio de Santa Anna, pero sus vínculos con la ciudad eran fuertes y prueba de ello es el papel que fue teniendo a lo largo de la historia.

Actualmente, hablamos de iglesia o parroquia pero, en realidad, deberíamos referirnos a ella como canónica, puesto que, a pesar de que ya no incluya una comunidad en su interior, fue una fundación de la Orden del Santo Sepulcro, muy vinculada, además, con el poder real. Tal fueron sus vínculos con éste que, de hecho, en su interior fueron convocadas las Cortes en dos ocasiones: una por Alfons el Magnànim y la Reina Maria y otra por los Reyes Católicos.

Como se puede percibir, pues, se trataba de una iglesia con mucho poder y unos terrenos también numerosos, gracias en parte a las constantes donaciones que la familia real hacía, entre ellas las del rey Alfons el Cast, quien dejaría los terrenos de Palafrugell y Mont-ras, importantes a la hora de mantenerse y los cuales formarían parte de la Parròquia de Santa Anna hasta el siglo XIX.

Los terrenos de Santa Anna incluían lugares como el Sant Sepulcre de Palera, el Sant Sepulcre d’Olèrdola, el Sant Sepulcre de Peralada, Sant Miquel de la Comanda, Marcèvol de Conflent, El Lledó de Valls o Sant Vicenç de Garraf.

Otra muestra de este poder que destacábamos es que, como perteneciente a la Orden del Santo Sepulcro que era, dependiese, incluso, directamente del Papa, no del Obispo de Barcelona, como se puede percibir en la no existencia de visitas pastorales, por ejemplo. En las fiestas, además, el prior de Santa Anna también mostraba su poder sentado con orgullo en un lugar de privilegio al lado del Obispo.

Sus dependencias (casa del prior, casa de los canónigos y noviciado), no obstante, se perdieron, del mismo modo que también lo hicieron muchas de las obras de su interior, algunas de ellas muy destacadas, no sólo durante la Guerra Civil, sino también en las distintas revueltas que se dieron en la ciudad y, en especial, la desamortización de 1835, momento en el cual estuvo a punto de perderse la totalidad del conjunto.

Ruinas de la iglesia del Santo Sepulcro (1862), Ramon Martí Alsina

 

Ruinas de Santa Anna (1855?), fotografía de Franck 

 

Así pues, podemos afirmar que Santa Anna es una iglesia con mucha historia y, sobre todo, muy vinculada a Barcelona, a pesar de su actual situación tímida y discreta en una ciudad cambiante y ajetreada. ¿La descubrimos?  😉

 

La documentación

A pesar de su remarcable importancia, conservamos poca documentación sobre su fundación. Sólo sabemos que ésta, contrariamente a lo que nos pueda indicar su actual nombre, se debió a la Orden del Santo Sepulcro y se vinculó íntimamente al rey Alfons el Bataller, quien al morir sin descendencia dejó parte de su patrimonio a las órdenes militares del Temple, Hospital y Santo Sepulcro en el año 1134.

Su testamento, escrito en el año 1131 durante el sitio de Bayona, decía lo siguiente:

En nom del bé més gran i incomparable que és Déu. Jo Alfons, rei d’Aragó, de Pamplona […] pensant en la meva sort i reflexionant que la naturalesa fa mortals tots els homes, em vaig proposar, mentre tingués vida i salut, distribuir el regne que Déu em va concedir i les meves possessions i rendes de la manera més convenient per a després de la meva existència. Per tant tement el judici diví, per a la salvació de la meva ànima i també la del meu pare i la meva mare i la de tots els meus familiars, faig testament a Déu, a Nostre Senyor Jesucrist i a tots els seus sants. I amb bon ànim i espontània voluntat oferesc a Déu, a la Verge Maria de Pamplona i a San Salvador de Leyre, el castell d’Estella amb tota la vila […], don a Santa María de Najera i a San Millán […], don també a Sant Jaume de Galícia […], don també a Sant Joan de la Penya […] i també per a després de la meva mort deix com a hereu i successor meu al Sepulcre del Senyor que és a Jerusalem […] tot això ho faig per a la salvació de l’ànima del meu pare i de la meva mare i la remissió de tots els meus pecats i per merèixer un lloc en la vida eterna…

 

Paralelamente, en el año 1141, la documentación conservada también nos indica que Guerau, monje de la Orden, llega a Barcelona desde Jerusalén y usa los terrenos para fundar una iglesia vinculada a la Orden del Santo Sepulcro para, de ahí, establecerse también en la Península. Es en este momento que la Orden toma relevancia; la comunidad llega en el año 1145 con su primer prior conocido, Pere Bernat, procedente de la Catedral de Barcelona, lugar en el cual ésta se ubicó primeramente.

Finalmente, otro documento, un antiguo necrologio, atribuye la construcción de la iglesia actual a mediados del siglo XII a un miembro de la Orden, Carfilius.

El escudo de la Orden, con la cruz patriarcal, lo encontramos por todo el conjunto de la Iglesia de Santa Anna, desde en algunas ménsulas a los laterales de sus accesos, tal y como podemos observar en las siguientes fotografías.

 

En definitiva, los restos documentales sobre la iglesia, conservados entre el archivo de Santa Anna y el Arxiu Diocesà, son más bien escasos, dejando de lado que la gran mayoría de ellos son modernos, es decir, registros del siglo XVIII.

Por su lado, los libros de obra tampoco se conservaron, conociéndose sólo que en el año 1177 se reprendieron los trabajos y que en 1215 la iglesia ya se encontraba finalizada. Un poco más tardanamente, se nos referencia la presencia de Bartolomé Bermejo en alguno de sus retablos, una información de vital importancia en el estudio de este enigmático artista.

labcnquemegusta-santaanna08

 

La Orden del Santo Sepulcro

La Orden del Santo Sepulcro fue creada en el año 1099 por Godofredo de Bouillón, responsable de la protección del Santo Sepulcro durante las cruzadas contra los otomanos y líder de la Primera Cruzada (1095). Regida por la regla de San Agustín, la Orden se encuentra conformada tanto por miembros eclesiásticos como laicos pero depende directamente de la Santa Sede. De hecho, el Gran Maestro, incluso actualmente, es designado por el Papa.

No obstante, obligada a dejar Tierra Santa al perder la Tercera Cruzada, la Orden se tuvo que refugiar en distintos lugares de Occidente. Es en este punto que toma relevancia la iglesia de Santa Anna, puesto que la Corona de Aragón, así como también otros reinos hispánicos de la Península Ibérica, fueron necesarios en su protección. De este modo, en el año 1126, el comte Ramon Berenguer III y el obispo de Vic cedieron al patriarca de Jerusalén, Beremund, y a Giraud, prior del Santo Sepulcro, la iglesia de Prats de Rei. Por su lado, el rey Alfons I de Aragón, como mencionamos, cedió sus propiedades a las órdenes militares y Ramon Berenguer IV donó distintas localidades de Aragón y la posibilidad de crear un convento en Calatayud, sede principal de la Orden en el reino. En Barcelona, la sede se hallaría en la iglesia de Santa Anna, tal y como hemos ido viendo.

El sepulcro más antiguo que podemos encontrar en la iglesia pertenece a un miembro de la Orden del Santo Sepulcro, a Fray Ramon Oreyes, fallecido el 1 de febrero de 1285.

La Orden, sin embargo, a pesar de que la tradición hiciese que Santa Anna siempre se vinculase con el Santo Sepulcro, dejó momentáneamente la canónica en el año 1489, proceso que ya se inició a partir de su unión en el año 1423 con el monasterio de Santa Eulàlia del Camp. Es en este momento que el cenobio pasó a denominarse Santa Anna y Santa Eulàlia, en honor a sus dos nuevas advocaciones.

La parroquia actual tiene sus orígenes en el año 1822. Desde 1991, coincidiendo con el 850º aniversario de la Orden en la Corona de Aragón y tras la recuperación de la reliquia del Santo Sepulcro, perdida durante la Guerra Civil, y la consecuente bendición del grupo escultórico del Santo Entierro, se puede disfrutar de las indulgencias que antaño aportaba la iglesia

 

Su interior

Una puerta del primer Gótico, aunque austera, nos da la bienvenida y nos vincula con esa iglesia que bien podría trasladarnos a un pequeño pueblo del interior de Catalunya.

labcnquemegusta-santaanna26

 

Una vez dentro, sin embargo, observamos la construcción originaria, aquella de gruesos muros y románica del siglo XII, con su bóveda de cañón y una planta en cruz griega que se vio modificada en el siglo XIII, momento en el cual se llevaría a cabo la prolongación y elevación de la nave, así como también la creación de algunas capillas. Ya en el siglo XIV, en estilo gótico, la iglesia sería de nuevo ampliada para acoger la importante afluencia de feligreses que llegaban a ella, atraídos por sus vínculos con el Santo Sepulcro. Es por ello que en uno de los tramos observamos una bóveda de crucería.

Es en este momento que también se crean nuevos altares, como serían los de Sant Joan, Sant Jaume, Sant Miquel o aquel dedicado al Espíritu Santo.

Planta del conjunto de Santa Anna (1858), según Miquel Garriga i Roca en sus “Quarterons”

labcnquemegusta-santaanna10

Visión de la iglesia desde su cuerpo gótico prolongado

 

Cuando nos hallamos en su interior, podemos observar claramente las dos épocas, no sólo estilísticamente hablando, sino también por la diferencia entre las alturas de sus respectivas cubiertas. Es por ello que, con el fin de armonizar el conjunto, se vieron obligados a levantar el cimborio, el cual no llegó a construirse, motivo por el cual se improvisó una terminación reforzada con contrafuertes que, finalmente, se hundiría durante la Guerra Civil al incendiarse la iglesia. El cimborio que encontramos actualmente, pues, se trata de una reconstrucción actual.

labcnquemegusta-santaanna04

 

Una vez dentro, además de percibir estas diferencias y elementos, cabe visitar también algunas de sus capillas. Hay bastantes de muy interesantes pero, para esta entrada, me gustaría remarcar, especialmente, dos de ellas:

La primera es la Capilla de Todos los Santos, localizada al lado izquierdo de la puerta principal y, aunque se date en el siglo XIII, se encuentra muy bien conservada.

La segunda capilla que cabe tener en cuenta es la Capella dels Perdons, a la izquierda del ábside. En ella encontramos ese elemento que, aún ahora, vincula Santa Anna con la Orden del Santo Sepulcro. Se trata de un Santo Entierro de terracota, uno de los más destacados que podemos encontrar en Catalunya, junto al de Terrassa y Vic, con las figuras de Jesús, la Virgen, San Juan, las tres Marías, Nicodemus y San José de Arimatea; un conjunto destacable que, a diferencia de otros elementos de la iglesia, sólo sufrió algunas mutilaciones durante la Guerra Civil Española.

El conjunto escultórico, documentado en el año 1482 y obra de Gabriel Guàrdia, escultor y pintor que también trabajaría en el Retablo de la Trinidad de la Seu de Manresa, es una copia puesto que el original se halla en el Museu Diocesà de Barcelona. Es a partir de él que procedería el nombre de la capilla dado que, al parecer, en ella se ganaban una vez al año esas indulgencias idénticas a las concedidas a los peregrinos que visitaban el Santo Sepulcro en Jerusalén (la tradición, como hemos indicado, aún está vigente).

labcnquemegusta-santaanna06

 

Otros elementos que podemos encontrar en la capilla son, por un lado, su Virgen, obra del siglo XV, posiblemente, de Pere Joan, el mismo escultor que crearía el medallón de Sant Jordi de la Generalitat de Catalunya, y una reja de cierre de la capilla de principios del siglo XV, obra de Berenguer Julià, mismo herrero que trabajaría en la Catedral de Barcelona.

labcnquemegusta-santaanna07

 

Durante nuestra visita, no podemos olvidar tampoco el altar mayor, quemado durante la Guerra, pero de vital importancia para entender otro artista. El que encontramos actualmente se trata de una creación del siglo XX, sin embargo, el altar que sufrió durante la Guerra, conocido gracias a unos bocetos y a su réplica conservada en la Catedral de Tudela, era una obra de principios del siglo XIX. Se trataba de un conjunto escultórico de Ramón Amadeu (la plaza en la cual se localiza Santa Anna recibe el nombre del escultor) con Santa Ana, la Virgen, San Joaquín y un ángel.

No obstante, el anterior a este altar del siglo XIX incluía un retablo dedicado también a Santa Ana y a Santa Eulalia de Mérida, las dos titulares de la iglesia. Algunas de las tablas de este retablo (Santa Ana, la Virgen, el Niño y el Espíritu Santo, La Flagelación y la Muerte de Santa Eulalia), también perdidas durante la Guerra y conocidas, por tanto, a partir de fotografías realizadas en el año 1933 y conservadas en el Arxiu Mas en la Fundació Institut Amatller d’Art Hispànic, son las que se atribuyen a Bartolomé Bermejo. Es gracias a ellas, pues, que conocemos su paso por la ciudad condal, aplacando alguna de esas lagunas que giran por el que se considera el mayor exponente del estilo hispanoflamenco. Su aportación en el retablo se conoce a partir del contrato conservado y realizado en el año 1484, en el cual se indica que, junto a Pere Duran (carpintero), se crearía un retablo con 14 escenas destinado al altar mayor de la iglesia de Santa Anna.

Para conocer más sobre estas tablas, así como también las últimas investigaciones e hipótesis, os recomiendo leer el artículo Novetats sobre l’activitat barcelonina de Bartolomé Bermejo: dues pintures catalanes del Johnson Museum of Art d’Ithaca (NY) i una taula del Museu de Reus de Marco Antonio Scanu. Según el investigador, una de las tablas podría haberse conservado en el Museu de Reus.

 

Y ya que hablamos de retablos… antes de proseguir nuestra visita, no podemos olvidar mencionar un segundo retablo, obra de inicios del siglo XVI y donación particular, del cual una de las tablas se encuentra dedicada la Pentecosta. Como tantos elementos de Santa Anna, se perdió también a causa de la Guerra, pero se conserva una pieza idéntica en la Seu de Manresa, dedicada al Santo Espíritu y creada en el año 1393. Esto provocó que, al menos en un principio, se especulara sobre la posibilidad de que fuese obra de Pere Serra.

Finalmente, destacar la Tumba de Sant Daniel, cuyas reliquias llegaron a Santa Anna en el año 1423 con los canónigos de San Agustín. El sepulcro, sin embargo, podría ser anterior y, posiblemente, por su riqueza, la tumba de un prior. Por sus estilemas, podría tratarse de un sepulcro de alabastro de Pere Oller.

 

El claustro y la sala capitular

No obstante, el elemento más destacado del conjunto es, sin lugar a dudas, su claustro, resultado del empuje que su nuevo prior, Mateu Fernández, supuso para la iglesia en el siglo XV. Es con él que se crea el claustro, pero también la sala capitular y dos capillas más. De este modo, Mateu Fernández, procedente de Córdoba, sería el encargado de crear la construcción que conocemos ahora, así como también el personaje más destacado de la época de mayor esplendor de la iglesia.

Es en este momento también que Santa Anna pasa a ser de los canónigos regulares de San Agustín, procedentes del convento de Montsió, a su vez cedido a las dominicas, y cuya advocación sería ya Santa Eulàlia de Mérida. Se realizará, así, la tramitación y fusión con los canónigos de Santa Anna, pasando la iglesia a denominarse con el doble título.

Pasemos primero a su sala capitular… De planta cuadrada, se encuentra cubierta por bóvedas de crucería y acoge una pequeña capilla, en cuya clave de bóveda aparece el prior Fernández arrodillado a los pies de San Agustín (la lápida sepulcral del prior se encuentra en el centro de la misma sala). Santa Elena, como patrona del Santo Sepulcro que es, no podía faltar tampoco en la decoración escultórica, en la cual encontramos también influencia de la marginalia de los manuscritos y otros personajes y escenas, como serían San Joaquín y Santa Ana, la Anunciación o la Educación de la Virgen.

Algunos de sus escultores, entre los cuales se ha barajado la posibilidad de que se encuentren Antoni y Joan Claperós, trabajaron también en la Catedral de Barcelona y la Generalitat de Catalunya.

 

Por lo que respecta al claustro, no tenemos noticias de su construcción, pero sí elementos que nos dan algunas dataciones del mismo. De este modo, por ejemplo, tenemos constancia de que en el año 1494 llegaron piedras concedidas por el Consejo de la Ciudad y que también se ofrecieron indulgencias en 1504 para poder proseguir la obra.

El claustro, de planta rectangular, se constituye de cuatro galerías de dos pisos, al parecer los mismos que ya tendría la construcción románica, según las actas de una reunión de canónigos en el claustro alto. La galería baja debería pertenecer a la época del prior Fernández, mientras que la alta sería de Gualbes.

 

Todo él está construido con piedra de Girona, reconocible por los pequeños monolitos y los capiteles estandarizados de sus columnas; se trataría de una suerte de construcción serializada e industrializada medieval, que se fabricaba en Girona y llegaba al resto de Catalunya en barco.

Podemos encontrar este tipo de piedra en los claustros del Monestir de Pedralbes o la Parròquia de la Puríssima Concepció, entre otras edificaciones barcelonesas como el Palau Requesens (actualmente acoge la Reial Acadèmia de Bones Lletres) o el Palau de la Generalitat de Catalunya.

En este caso, los capiteles incluyen el escudo de la Infanta Joana d’Aragó, quien donaría el manto para cubrir el Santo Sepulcro. Por otro lado, también se tiene constancia de las donaciones a Santa Anna de Juana la Loca.

 

La labor de Santa Anna

Actualmente, se trata de una parroquia con una labor bastante destacada en el ámbito de la atención de personas sin techo con un espacio destinado a comedor social, entre otras muchas actividades que llevan a cabo. Un ejemplo destacado de ello fue su acción durante la Operación Frío del año pasado, la primera vez que Barcelona abría una iglesia para resguardar del frío a personas sin techo, junto a sus respectivas mascotas, utilizándola como albergue provisional y habilitándola para poder dar acogida a más de 60 camas en un interior.

Podéis conocer más al respecto en esta noticia del 324.

 

Las visitas

Las visitas a la Parròquia de Santa Anna se pueden hacer por libre, pagando un precio simbólico de 2eurs que permite la entrada a su claustro y lugares más representativos.

No obstante, si queréis recibir una visita guiada de calidad con historiadores del Arte como guía, podéis hacer lo que yo hice, adentraros en la antigua iglesia de Santa Anna a partir de las visitas guiadas que cada cierto tiempo organiza la Associació d’Amics del RomànicCatalunya Sacra, una entidad de mismos fines, también organiza de vez en cuando visitas guiadas a la iglesia.

Paralelamente, la iglesia acoge también conciertos. No he asistido a ninguno de ellos, pero quizá puede ser también una bonita manera de entrar a la iglesia y percibirla desde otra perspectiva, reviviendo todos esos elementos del pasado que encontramos en su interior.

 

Y es que visitar Santa Anna es realizar un viaje en el tiempo, volver a esa Catalunya medieval en la que los condados y las órdenes religiosas tenían un papel tan destacado… pero, sobre todo, es también entrar en un lugar parado en la historia y lleno de historia, en un oasis de tranquilidad que nos hace olvidar la ciudad de la cual venimos rápidamente, a la par que descubrimos, una vez más, parte de nuestro pasado.

 

Bibliografía:

Ainaud, Juan, Gudiol, José, Verrié, Frederic-Pau, Catálogo monumental de España: La ciudad de Barcelona, Madrid: Instituto Diego Velázquez, 1947

Scanu, Marco Antonio, Novetats sobre l’activitat barcelonina de Bartolomé Bermejo: dues pintures catalanes del Johnson Museum of Art d’Ithaca (NY) i una taula del Museu de Reus, Museu de Reus

Escribe tu comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *



Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies. Pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies