Visita al Castell de Santa Florentina

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¡Seguimos conociendo el legado que nos ha dejado Lluís Domènech i Montaner!

Recordemos que en La Bcn Que Me Gusta ya nos hemos acercado alguna vez a sus obras arquitectónicas de Reus (Institut Pere Mata y Casa Navàs) y Canet de Mar (Casa Roura).

En esta ocasión, regresamos a esta pequeña localidad del Maresme para conocer una de las arquitecturas de tipo historicista más destacadas de la obra de Lluís Domènech i Montaner que, de hecho, se hizo especialmente reconocida a partir de sus conciertos veraniegos y, posteriormente, por ser escenario de “Juego de Tronos”.

Se trata del Castell de Santa Florentina, un encargo familiar mediante el cual el arquitecto no sólo restauró una antigua arquitectura medieval, sino que también la amplió, aplicando en ella tanto elementos góticos procedentes de otras construcciones existentes como modernistas.

 

¿Su cliente? Ramon Montaner, un industrial, asociado con Francesc Simon, que conseguiría una gran fortuna a partir de una de las editoriales más destacadas del momento, la Editorial Montaner i Simon, fundada en 1869 y localizada en la actual Fundació Antoni Tàpies. En ella trabajaría un joven Lluís Domènech i Montaner como diseñador gráfico, pero también en obras tan paradigmáticas y novedosas como la Historia General del Arte (1886-1897), la primera gran historia del arte española con sus 8 volúmenes, que no sólo contemplaba artes consideradas más secundarias como la indumentaria o el mobiliario, adaptándose a las necesidades de los estudiantes de Bellas Artes del momento (se vendía también por separado), sino que también se consideró una obra de lujo a nivel estético, una verdadera obra monumental.

Además de Lluís Domènech i Montaner, el ideólogo y uno de los que más se implicó en el proyecto, especialmente en los volúmenes dedicados a la Arquitectura, encontramos la participación de otros personajes tan destacados como Josep Puig i Cadafalch, Joaquín Fontanals del Castillo, Federico Cajal y Pueyo, Federico Hottenroth, Francisco Miquel y Badía y Antonio García Llansó.

La tenéis completamente digitalizada en el Dipòsit Digital de Documents de la UAB.

Con la fortuna creada a partir de la Editorial, Ramon de Montaner no sólo compró el hotel de Santa Fe del Montseny o el Palau Montaner, actual Delegación del Gobierno de España en Catalunya, tratándose ambos de encargos realizados también a su sobrino (el primero lo realizó finalmente su hijo Pere), sino que también recuperó la que fue residencia familiar, perdida durante un periodo de ruina económica, ampliándola y adaptándola a sus nuevas necesidades. De hecho, cabe tener en cuenta que, incluso, esta recuperación pasaría por conseguir, ya en tiempo de Alfonso XIII, quien llegaría a pernoctar en el Castillo, el título nobiliario de Comte de la Vall de Canet.

Lluís Domènech i Montaner, pues, con un estilo muy similar al que aplicaría en el Saló de Cent o en el Centre Excursionista de Catalunya, promoción también de Ramon Montaner, convertiría una antigua masía fortificada en un gran castillo digno de un status social muy concreto, el cual pretendía ostentar Ramon Montaner, siempre desde el máximo respeto a la historia y a la época medieval.

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Las visitas

Dado que el Castillo forma parte de dos propietarios distintos (las dos últimas propietarias de la familia eran dos hermanas, una de las cuales se vendió su parte a un grupo inversor ruso), cada uno responsable de una de las dos partes del castillo, es decir, la medieval y la modernista, su totalidad de manera conjunta no es visitable.

De este modo, mientras que la medieval sólo se puede visitar en ocasiones especiales, como la Fira Modernista de Canet de Mar, la modernista, la ampliación de la parte medieval, se encuentra abierta al público de manera habitual mediante visitas guiadas cada sábado y el tercer domingo de mes, realizadas por Espais amb Història con reserva previa (podéis encontrar más información aquí), e incluso, habilitada para bodas y eventos privados.

Podéis encontrar más información también sobre la actual gestión del Castillo directamente en su página web.

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No obstante, en mi caso, pude acceder a ella dentro del II Simposi Lluís Domènech i Montaner que se llevó a cabo recientemente y en el cual se expusieron las últimas novedades en investigación sobre el arquitecto. Este simposio es de carácter bienal e itinerante, es decir, que mientras que hace dos años tuvo lugar en Reus, de aquí dos años será en Barcelona.

Reus, Canet de Mar y Barcelona son las tres principales localidades en las cuales encontramos obra domenechiana, es por ello que sus correspondientes ayuntamientos, junto al Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner (CEDIM) y la Fundació Lluís Domènech i Montaner, se incluyen en la Taula Lluís Domènech i Montaner (hablamos de ella en la entrada que dedicamos a la Casa Roura de Canet de Mar), organizadora de estos simposios con el objetivo de dar a conocer la obra del arquitecto, especialmente aquella que va más allá de la arquitectónica propiamente dicha, pues recordemos que Lluís Domènech i Montaner fue un personaje muy polifacético.

Estas actividades culminarán en 2023, momento en el cual se conmemorará el Any Lluís Domènech i Montaner, en motivo del centenario de su muerte.

 

Contextualizando…

Como hemos indicado, Ramon Montaner tendría como objetivo recuperar la Casa Forta dels Canet, una gran masía fortificada, en su momento ubicada en la población de Montpalau, que había permanecido a la familia. No la recuperaría hasta 1881, momento en el cual su fortuna ya estaba más que consolidada, a partir de su compra al heredero de Fèlix Carnesoltes, poderosa familia de Canet de Mar, vinculada, a su vez, con la esposa de Lluís Domènech i Montaner, Maria Roura.

Con la recuperación, tras más de 40 años en desuso, fue necesaria una restauración e importante puesta a punto, dado el alto nivel de degradación de la construcción y la necesidad de convertirla en residencia de verano de la familia y símbolo la recuperación de ese status perdido de la familia.

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En motivo de su visita a Canet de Mar en 1857, Víctor Balaguer diría las siguientes palabras sobre el estado del castillo y su todavía presente riqueza:

Tiene en su piso inferior anchas y despejadas habitaciones, hoy completamente desmanteladas, pero que guardan restos de su antigua opulencia. En uno de estos salones habitan hoy las lechuzas que entran por una ventana gótica, la mejor conservada del edificio.

Fuente: “Lluís Domènech i Montaner (1849-1923)” de Carles Sàiz i Xiqués

 

Tras su compra, Ramon Montaner se dedicó a realizar distintos trabajos arqueológicos con el fin de conocer más sobre el pasado de la residencia familiar, a la par que encontrar elementos originales de la Casa Forta que estuviesen acorde con la ampliación que quería realizar. Estos trabajos también se dieron fuera del Maresme ya que la intención también era colocar en el conjunto elementos que no desentonasen traídos desde otras construcciones, conventos e iglesias góticas, como podrían ser el Convento de Bellpuig de les Avellanes o el edificio gótico de la calle del Paradís de Barcelona, adquirido por Ramon Montaner con la idea de traerse las columnas del antiguo Templo de Augusto, que aún actualmente se conservan en él.

De Bellpuig tenía que haber sido el claustro, algo que, por suerte, no fue posible, encontrando actualmente en el Castillo un ala del del priorato de Tallat, comprado en 1898 por Pau Font de Rubinat para decorar un edificio que quería construir en Reus (hablamos de este destacado personaje en la vida de Lluís Domènech i Montaner en las mencionadas entradas dedicadas a la capital del Baix Camp) y del cual, finalmente, desistió la idea, vendiendo las piezas a Ramon Montaner por mediación de Domènech.

Otras piezas que no pudieron ser traídas del Tallat fueron las compradas por Charles Deering para el Palau Maricel de Sitges.

Santuari del Tallat con elementos actualmente en el Castell de Santa Florentina. Fuente: “Lluís Domènech i Montaner (1849-1923)” de Carles Sàiz i Xiqués

 

Las piezas de Pau Font fueron traídas en tren de Reus a Canet de Mar y aquellas que todavía se encontraban en el cenobio, del monasterio a Montblanc, desde donde se hizo llegar hasta Barcelona y, de ahí, con un tren de carga especial hasta Canet de Mar. El traslado desde la estación hasta la Casa Forta duró varios días ya que se tuvo que hacer pieza a pieza, en carro y con paja como protección para evitar cualquier fricción.

Los encargados de proseguir con esta ardua tarea de buscar piezas góticas, aprovechando sus altos conocimientos sobre arte catalán y a partir de sus recorridos y excursiones por todo el país, fueron el propio Lluís Domènech i Montaner, junto a su hijo Pere, de 15 años, y Eduard Toda.

Plano del montaje de las ventanas, también traídas pieza a pieza desde el Tallat en tren y carro. Fuente: “Lluís Domènech i Montaner (1849-1923)” de Carles Sàiz i Xiqués

 

No obstante, a pesar de todas estas piezas traídas de fuera, como decíamos, el castillo tiene también una larga historia por sí mismo. Y es que su construcción se remonta al siglo X, momento en el cual perteneció a una familia de caballeros, la familia de los Canet, que acabaría dando nombre al actual pueblo.

Ésta se vería ampliada en distintas ocasiones (en el siglo XI, el XIII y el XIV) y, posteriormente, pasaría a manos de los Spano que, a su vez, serían relevados por los Montaner, ciutadans honrats que, tras su ruina, perdieron la posesión. Ramon Montaner, como hemos indicado, recuperaría ese antiguo status con las ganancias procedentes de la Editorial.

Interior del Castillo. Fuente: “Lluís Domènech i Montaner (1849-1923)” de Carles Sàiz i Xiqués

 

Su interior…

Lluís Domènech i Montaner sería el encargado de convertir el Castillo en la residencia de verano familiar. Para ello, su participación en el proyecto consistió en la reparación integral de la construcción, además de su ampliación, la cual se llevó a cabo entre 1896 y 1908, asimilando también con ella las preexistencias del terreno, entre ellas la bassa o safareig de riego y la masovería, las cuales quedarían integradas disimuladamente en el conjunto. En el primer caso, consiguió crear una especie de fosa medieval de encanto romántico (no tuvimos oportunidad de visitarla), mientras que el segundo, a pesar de no perder su función, puesto que los masovers continuaron viviendo en su interior, quedó en el interior del propio castillo. Para unificar el conjunto, Lluís Domènech i Montaner mandó recubrir también la parte antigua de piedra, evitando, así, la percepción visual del cambio de material.

 

Esta ampliación, además, se realizó a partir de un punto central y vertebrador, de la recreación de un patio de armas medieval que unía la Casa Forta, la parte antigua del castillo, que fue restaurada, con la ampliación como tal. Es en este patio donde encontramos el claustro del Tallat que mencionábamos, así como también una de sus puertas.

 

Podéis encontrar más información sobre todo el proceso de reconversión de la antigua fortaleza medieval al castillo del cual disfrutamos actualmente en este artículo de Carles Sàiz i Xiqués, “De la primitiva fortalesa medieval a l’actual Castell de Santa Florentina. Mil anys d’història a la Vall de Canet”.

Planta del Castillo. Fuente: Artículo de Carles Sàiz i Xiqués

 

Por su parte, la puerta de entrada procede del Convento de la calle del Paradís de Barcelona. En ella podemos leer la supuesta fecha de finalización de las obras, 1909, aunque en realidad éstas continuaron hasta 1912.

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El objetivo de la obra, pues, era devolver esa esencia de castillo medieval a la construcción, no sólo como símbolo de recuperación del pasado familiar, sino también adecuándose a la idea de medievalismo que impregnaba la sociedad del momento.

La monumental escalera, sin embargo, a diferencia de otros elementos mencionados, sí se trata de una reconstrucción que imita las típicas y propias de los palacios góticos; nos hace pensar en la de la Generalitat de Catalunya o la del Ajuntament de Barcelona, por ejemplo. Sorprende que, a diferencia del resto de elementos, la escalera sea nueva. Esto se debe al hecho de que el punto de unión entre la Casa Forta y la ampliación estuviesen determinados por un nivel ya existente, es decir, que no encontrasen ninguna escalera de la medida necesaria para esta localización, viéndose obligados a crear una nueva.

 

Además, con el fin de aportar esa visión de castillo medieval, se levantaron también torres con barbacanas, así como también, de la mano de Ricard de Campmany, diseñador de la familia (era sobrino de Lluís Domènech i Montaner), como indicamos en la entrada de la Casa Roura (el Grill Room de Barcelona fue diseñado por él también), vidrieras de reminiscencia medieval, elaboradas por Josep Pujol. Los tapices también fueron diseños de él.

 

Por lo que respecta a las esculturas, cabe destacar la colaboración de Antoni Samarra i Tugues, perteneciente al taller de Dídac Massana, en los leones de la entrada, el dragón de la escalera o las ménsulas que soportan la galería gótica del Tallat, y Carles Flotats i Galtés, encargado de las gárgolas.

 

El proyecto también incluía la restauración de la antigua capilla barroca dedicada a Santa Úrsula, una de las 11.000 vírgenes que peregrinaron hacia Roma, al más puro estilo de Viollet-le-Duc, con pinturas de Antoni Garcia, mismo pintor local que podemos hallar en el interior del Santuario de la Misericòrdia de Canet de Mar.

Las rejas de hierro forjado de la capilla son obra de Miquel Soler, forjador del pueblo, a partir también de un diseño de Ricard de Capmany que incluye seis cabezas de perro y la flor del cardo como símbolos de inexpugnabilidad, del mismo modo que también se añadía en las antiguas catedrales góticas.

 

En su interior, también llama la atención la gran chimenea del salón principal, en la cual, una vez más, encontramos elementos de suntuosidad y recuperación del pasado familiar; elementos de ennoblecimiento como familia y de demostración de que los predecesores fueron personajes destacados en la historia. Así, en ella observamos representada una escena, obra de Dídac Massana, en la cual el Marqués d’Aitona, Gastó de Montcada, otorga el privilegio de municipio al pueblo de Canet en 1599. Junto a él, encontramos antepasados de Ramon Montaner, Miquel Spano, entonces señor de la Casa Forta, y su yerno, Felip de Montaner, que actuaron como testigos del acto.

 

Finalmente, Lluís Domènech i Montaner diseñó un último elemento en el Castillo muy especial, siguiendo esta línea historicista. Se trata de la cripta, cuya construcción, dada su complejidad, puesto que supuso levantar parte de la planta baja de la antigua construcción del siglo XIV para hacer más profundos sus cimientos (todo ello sin dañar las torres medievales), significó 5 años de trabajo. De hecho, cabe mencionar que el arquitecto ya tenía experiencia en este tipo de obras dado que en la restauración del Saló de Cent tuvo que hacer algo parecido: rebajar el nivel bajo del Salón con el fin de facilitar el paso de carruajes y peatones en la Plaça de Sant Jaume.

Planta de la cripta. Fuente: Artículo de Carles Sàiz i Xiqués

 

Dicha cripta tenía que ser un homenaje a la difunta esposa de Ramon Montaner, Florentina Malattó, enterrada desde el 1900 en el cementerio de Canet de Mar (recordemos que los panteones más destacados del cementerio son obra también del arquitecto, como pudimos conocer en la entrada que dedicamos a la Casa Roura). Para ello, Ramon Montaner tuvo que alegar los motivos de la construcción a la hora de pedir los permisos necesarios, motivo por el cual se inventó que desde el siglo XIII habían tenido lugar enterramientos en el lugar, algo que nunca se dio, puesto que los Spano tenían su sepultura en la iglesia de Sant Jaume de Barcelona y los Montaner en la Parròquia de Canet de Mar.

La tumba se encuentra justo debajo de la Capilla de Santa Úrsula, aprovechando su ábside, y rodeada de columnas domenechianas (de hecho, a primera vista nos recuerda al patio interior de la Casa Navàs), de mármol y jaspe y con capiteles historiados con la historia de Jesús, esculpidos también por Dídac Massana.

 

Sobre el sarcófago, observamos una escultura yacente de la señora, realizada a medida real por Miquel Blay, quien vino expresamente de París para valorar el espacio para el cual tenía que trabajar. Unos versos de Mossèn Cinto Verdaguer, amigo de los Montaner, complementan el conjunto.

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El friso cerámico del ábside, con escenas de Santa Florentina en los entornos del Castillo (Santa Florentina era otra de las santas de la comitiva de las 11.000 vírgenes; hay que tener en cuenta que es aquí, en el Castillo, donde se celebraba la Fiesta de las Vírgenes), es obra de Josep Triadó, quien ya había trabajado para el arquitecto en la Casa Navàs y en el Institut Pere Mata de Reus. Entre estas escenas, encontramos también una en la cual el Papa Benedicto XII entrega las reliquias de Santa Florentina a Ferrer de Canet.

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En definitiva, el Castell de Santa Florentina se convierte en otro de esos tantos ejemplos de arte total que componen la obra de Lluís Domènech i Montaner, puesto que no sólo encontramos su actuación en él, sino también su implicación como director de una gran orquesta en la cual se hallan las vidrieras, la cerámica o la forja, pero también la ebanistería y los artesonados, entre tantas otras artes que podemos encontrar en plena sintonía entre ellas en el interior del Castillo.

 

¿Y después?

1) Otra visita

En el centro de Canet de Mar encontramos también la Casa Museu Lluís Domènech i Montaner, la misma en la cual el arquitecto vivió con sus 8 hijos y trabajó. Es por ello que, además de ver cómo una antigua masía fue unida a una casa modernista, una de las últimas obras de Lluís Domènech i Montaner, en su interior observamos también elementos tan interesantes como los yesos de muchas de las piezas escultóricas de Eusebi Arnau para las obras arquitectónicas de Montaner, las cuales conservaba o ponía en práctica en su propia residencia, así como también una mesa de lo más especial, basculante, que le permitía trabajar en sus proyectos de pie.

Algunos de los arrimaderos de su obra, como los de la Fonda España o el Palau de la Música, así como también los planos de obras llevadas a cabo y otras que quedaron en sólo proyectos, también podemos encontrarlos en su interior.

 

Podéis complementar la visita con un paseo por el Cementerio de Canet de Mar, repleto de panteones de gran interés, o acercándoos a otras obras de Lluís Domènech i Montaner en la localidad, que podéis encontrar tanto en Turisme de Canet de Mar como en esta entrada de La Bcn Que Me Gusta.

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2) Un restaurante

Tras la visita, descubrí por casualidad un restaurante que no podía olvidar mencionar antes de finalizar esta entrada, puesto que se convirtió en una perfecta manera de acabar la jornada.

Se trata de A Media Luz, un rincón en el que tapear o degustar distintos platillos, pero también una carta y menú de mediodía (20eurs), acompañado de una buena selección de vinos. ¡El trato fue exquisito y las opciones que escogimos del menú también!

 

Con la visita al Castell de Santa Florentina y la Casa Museu Lluís Domènech i Montaner, junto con todo lo que aprendimos en este II Simposi sobre el arquitecto, pudimos colocar otra de las piezas del inmenso puzzle que representa este emblemático personaje del Modernismo catalán, uno de los protagonistas que han trazado la Barcelona y Catalunya actuales y llenado de color y motivos florales cada una de sus calles y rincones.

 

Para más información:

Castell de Santa Florentina  castelldesantaflorentina.com

Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner  www.cedim.cat

Fundació Lluís Domènech i Montaner  www.fldm.cat

 

Bibliografía:

Alcalde, Sergi; Carbonell, Maite; Martí, Gemma; Mas, Xavier; Sàiz, Carles; Salmerón, Pilar; Terreu, Miquel,  Lluís Domènech i Montaner (1849-1923). Obra arquitectònica raonada. Volum I y Volum II, Canet de Mar: Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner: Edicions Els 2 Pins, 2015-2016

Sàiz, Carles, Lluís Domènech i Montaner (1849-1923), Canet de Mar: Centre d’Estudis Lluís Domènech i Montaner: Edicions Els 2 Pins, 2008

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