Visita al Espai Subirachs

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Barcelona no deja de sorprendernos y mostrarnos rincones nuevos siempre… Hoy me gustaría hablaros de un espacio expositivo que, si bien es cierto que se inauguró hace un par de años, pasa muy desapercibido. Aún así, es mucho lo que podemos encontrar en su interior, no sólo por toda la obra que acoge, sino también porque nos permite conocer otras facetas del artista que lo protagoniza.

Se trata del Espai Subirachs, un espacio localizado en el Poblenou, no lejos de donde Josep Maria Subirachs vivió durante largo tiempo, y que nos permite conocer la trayectoria completa del artista que se convirtió en el renovador escultórico de la Catalunya de posguerra por excelencia, rompiendo con el academicismo y haciendo grandes aportaciones a la disciplina. Una visita al Espai Subirachs, pues, representa realizar un paseo por los distintos estilos y etapas por los cuales el artista pasó, ver su evolución y, sobre todo, esas otras facetas que van más allá de la que hemos conocido de él habitualmente. Y es que, además de concebir un Subirachs vinculado a la escultura monumental (más concretamente, un Subirachs ligado a la fachada de la Pasión de la Sagrada Família), esa misma que llena muchas de las calles y espacios públicos de nuestra ciudad y país, el Espai Subirachs nos permite conocer algo que muchas veces nos pasa desapercibido: que también realizó obra pequeña, de escala humana, así como dibujos, grabados o pinturas, convirtiéndolo de este modo en un artista realmente polifacético que creó, incluso, escenografías y tapices.

Esta pequeña escultura nos permite conocer y acercarnos mejor a su carácter, texturas, formas y manera de trabajar, de ahí que una visita al Espai Subirachs sea fundamental para entender mejor su obra.

A pesar de su renovación, especialmente formal y técnica, Subirachs, sin embargo, también nos permite acercarnos a la Historia del Arte tradicional (en cierta manera, salvando las distancias, se trata de algo que ya vimos en la entrada anterior con Bill Viola). De este modo, junto a sus innovaciones, observaremos también temáticas tan propias de la tradición artística como la mitología, la religión o la filosofía y recursos y tipologías escultóricas como, entre otros, el retrato ecuestre.

Todo ello es lo que podemos conocer en este espacio, un lugar donde se respira en cada rincón la esencia misma del artista por el simple hecho de que su creadora, además de Historiadora del Arte especializada en Escultura, es también su hija. Judit Subirachs, pues, es la persona que hay tras este espacio, la que ha invertido horas y horas en crearlo, y ello se percibe en cada una de sus paredes y también en su página web, una de las páginas web dedicadas a un artista más completa que he visto nunca, con catálogo y fichas de todas las obras del artista (Subirachs tiene catalogadas más de 10.000 piezas, de las cuales unas 100, organizadas cronológicamente, se encuentran en el Espai Subirachs), mapas de localización y posibles itinerarios para conocerlas, biografía y fotografías antiguas, publicaciones o museos y exposiciones que incluyen o han incluido obra del artista, entre otros. Así, detrás del espacio encontramos una tarea realmente importante, un arduo trabajo gracias al cual podemos conocer en profundidad la obra de este artista tan destacado.

 

El Espai Subirachs se creó a partir de la colección familiar del artista, de todas aquellas piezas que el propio Subirachs no puso a la venta, y se complementa con la zona expositiva Dor Museum de La Fortalesa, ubicada en Sant Julià de Ramis.

 

¿Por qué en el Poblenou?

Como hemos indicado, Josep Maria Subirachs vivió durante mucho tiempo en el Poblenou (desde el Espai Subirachs, podemos ver la que fue su casa en la calle de Pere IV). Pero, no sólo eso, sino que este barrio de Barcelona fue también su barrio natal. El Poblenou, pues, estará siempre muy presente en la vida del artista, motivo por el cual, además de ubicarse aquí este pequeño museo, el título de la exposición permanente, Retorn al Poblenou, también nos vincula con este hecho.

Así, como no podía ser de otro modo, una zona de la primera sala del Espai Subirachs está dedicada a sus vínculos con este barrio incluyendo piezas de mismo denominador común: la Torre de les Aigües del Poblenou de Pere Falqués.

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Pero, no sólo eso, y es que muchas de sus obras nos hablarán también de los ikarianos, esa comunidad, basada en una sociedad ideal donde los bienes eran socializados y había una igualdad casi total entre hombres y mujeres, heredera de las ideas de Étienne Cabet y que sí pudo gestarse en Barcelona.

Otro elemento que nos habla siempre en la obra de Subirachs de su barrio natal es el Arco Iris (Arc de Sant Martí), haciendo referencia al nombre del distrito y antiguo pueblo de Sant Martí de Provençals. Este Arco Iris, unido al hecho de que en ocasiones la Torre de les Aigües adquiera forma fálica, va acompañado de otro elemento que veremos en otras obras del escultor y artista, del árbol pubis, un árbol portador de vida y fecundidad, haciendo un símil con ese Poblenou que, al fin y al cabo, no deja de ser sus orígenes.

 

La visita

La visita individual al Espai Subirachs tiene entrada gratuita (hay una taquilla inversa para que cada uno o una pueda dar aquello que considere oportuno) y un horario de apertura de tardes (de 17h a 20h) los martes, miércoles y sábados.

Las visitas comentadas para grupos sí que tienen un coste (5eurs por persona) y se realizan con reserva previa a través del correo espaisubirachs@gmail.com.

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Judit Subirachs realizando una visita guiada al espacio

 

¡Espai Subirachs dispone también de una zona de libros muy completa!

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Pero… ¿Quién era Josep Maria Subirachs?

Josep Maria Subirachs es uno de los escultores más destacados del arte catalán y español (lo encontramos en el mismo nivel de otros escultores como Oteiza o Chillida) y especialmente del siglo XX, de ahí que sea difícil obviarlo cuando pensamos en la Catalunya de los años 70 y 80.

Nació en 1927 y murió recientemente, en 2014. Procedía de una familia trabajadora (el padre era de Mataró y, atraído por el movimiento fabril del Poblenou, se trasladó a Barcelona) que, a pesar de ello, lo animó a estudiar. No obstante, a pesar de que él quería ser arquitecto, la guerra y la posguerra supusieron que los padres no pudiesen costearle sus estudios, siendo la arquitectura siempre su profesión frustrada. Sin embargo, sí pudo desarrollar otra habilidad que ya desde pequeño empezó a trabajar, el dibujo. Así, a partir de los 14 años y durante 5 años, trabajará en paralelo a una formación artística gracias a su labor en el taller de Enric Monjo, escultor que, junto a Frederic Marés, trabajará muy activamente en la reconstrucción de la Barcelona de posguerra civil. Allí aprenderá las técnicas de la escultura, las mismas que continuará desarrollando en el taller de Enric Casanovas, un escultor noucentista del mismo nivel de Clarà, del cual se impregnará durante muy poco tiempo, debido a su prematura muerte, pero para el cual siempre se sentirá orgulloso de haber trabajado y del que más influencias tomará.

Subirachs de aprendiz en el taller de Enric Monjo (1942). Fuente: Espai Subirachs

 

Su formación, pues, se basó en el trabajo de taller, es decir, que nunca pasaría por unos estudios superiores de Bellas Artes, sino que recibiría una formación artística tradicional y técnica y, sobre todo, muy autodidacta.

Ya en los años 50, Subirachs tendrá la oportunidad de acceder a una beca del Cercle Maillol del Instituto Francés de Barcelona, la cual le facilitará un viaje a París, donde conocerá de primera mano las vanguardias europeas y de donde saltará a Bélgica, gracias a su amistad con el pintor belga Luc Peire. Este viaje será realmente importante en su carrera, no sólo para forjarse como escultor, conociendo las últimas tendencias del momento, sino también para crearse el nombre que, finalmente, le permitirá vivir de su escultura con encargos, principalmente, en el ámbito de la escultura pública e, incluso, de envergadura internacional, como se puede conocer en el Espai Subirachs.

Como hemos indicado y veremos también a lo largo de la exposición, es en este aspecto, el de la escultura monumental y pública, que más conocemos al artista. Éste le permitirá también acceder al encargo en el cual trabajaría hasta su vejez, la fachada de la Pasión de la Sagrada Família, encargo que iniciará en 1986 y en el cual trabajará casi 20 años, suponiendo éste la culminación de su trabajo escultórico.

Más de un centenar de esculturas de grandes dimensiones y cuatro grandes puertas de bronce son los elementos que componen este encargo que, además, supondrá un retorno a algunos de los estilos que a lo largo de la exposición se pueden conocer, de ahí que también pueda considerarse en cierta manera una síntesis de toda su obra.

Subirachs en los andamios de la Sagrada Família. Fuente: Espai Subirachs

 

Elementos siempre presentes en la obra de Subirachs

Además de la mencionada Torre de les Aigües del Poblenou, la cual irá apareciendo en distintos momentos de su trayectoria artística, incluso en las piezas realizadas en París o Bélgica, así como esos otros elementos relacionados con el barrio de su infancia, encontramos otros leit motiv que nos ayudan a identificar la obra de Subirachs y que en su obra monumental nos acostumbran a pasar muchas veces desapercibidos, debido a sus grandes dimensiones. Se trata de elementos muy recurrentes y que, por tanto, también nos hablan de él.

El primero de ellos es el laberinto, el cual nos vincula con la Tierra, pero que, en obras como la Sagrada Família, por ejemplo, donde también se encuentra presente, significa el Vía Crucis por el cual tuvo que pasar Jesús. Otra simbología que ayuda a aportar significado a sus obras es la presencia de la luna, un elemento vinculado a la muerte como se puede apreciar, una vez más, en la fachada de la Pasión de la Sagrada Família, pero también en un dibujo de esta muestra, en Ofêlia ofegada (1996), donde aparece como un eclipse en forma de calavera, como si de una vanitas se tratase.

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La terra i la lluna (2007)

 

Laberinto en la Sagrada Família

 

Otro aspecto muy común es la constante contraposición entre dos elementos, las dualidades entre el lleno y el vacío, el cóncavo y el convexo, el hombre y la mujer, la vida y la muerte… que encontramos en muchas de sus obras. Una de las piezas que más nos habla de ello son Las Parcas (1955), ubicada en la primera sala de la exposición. Se trata de una pieza de temática mitológica, algo que, como veremos, será también frecuente en Subirachs, y en la cual Nacimiento, Vida y Muerte quedan perfectamente representados a partir del hilo de la vida, ese hilo a punto de cortarse en las manos de la tercera parca. Este tema existencial sería uno de los aspectos que nos muestra esta escultura vinculada a la tradición grecolatina, pero también observamos en ella este recurso formal que destacábamos y que aparecerá en gran parte de las obras de Subirachs, el de las dualidades.

Les Parques (1955). Fuente: Espai Subirachs

 

La arquitectura, esa disciplina que nunca pudo cursar, estará también siempre presente en su obra de distintos modos, ya sea a partir de la aparición de la torre, que tanto puede remitir a la de Pisa como a la de Babel o a la del Poblenou, la cúpula o mediante la creación de grandes estructuras que bien podrían pasar por construcciones si tuviesen un tamaño mayor. Así, en la Torre de Babel (1955), ubicada en la segunda sala, observamos lo que la comisaria ha denominado escultura-arquitectura, es decir, esculturas que podrían ser arquitecturas si fuesen de gran formato. En este caso, se trata de un espiral en ascensión, que también juega con el vacío y el lleno y que, finalmente, no fue algo monumental pero que, por sus características, podría haberlo sido.

Estilísticamente, nos remite a las grandes esculturas utópicas del arte socialista de artistas rusos como Tatlin para la Tercera Internacional (1919).

Monumento a la Tercera Internacional (1919), Tatlin

 

Como iremos viendo en la exposición, todos estos elementos estarán siempre presentes en muchas de las obras de Subirachs, motivo por el cual iremos tratándolos con mayor profundidad a lo largo de la entrada.

 

La muestra

Como indicábamos, las obras de la exposición se encuentran organizadas cronológicamente y, por tanto, también según los distintos estilos por los cuales el artista fue pasando a lo largo de su trayectoria. Para ello, se divide en cuatro grandes ámbitos:

  • Expresionismo: etapa de formación bajo la influencia aún del Noucentisme de sus maestros, pero evolucionando hacia un arte que nos explica cosas a partir de sus texturas y formas.
  • Abstracción: cada vez las formas son más depuradas con un dominio del espacio, la fuerza del ritmo y la mezcla de materiales y técnicas progresivamente mayor.
  • Neofiguración: regreso a la figuración sin recuperar aún los conceptos tradicionales. Integra la volumetría, el mundo onírico y el literario y compagina analogías, dualidades y oposiciones.
  • Metáforas: última etapa donde depura antiguos signos y la tensión cede paso a la serenidad con esculturas que, incluso, se vinculan con la arquitectura.

 

A modo de pequeña guía, os explico cuatro ideas para poder entender lo que encontraréis en el Espai Subirachs. No obstante, Judit Subirachs, la comisaria, seguro que os podrá dar muchos más detalles que yo, así que aprovechad si vais para aprender mucho más.  😉

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En la primera sala encontramos el rincón dedicado al Poblenou que antes mencionábamos, así como obras de esa primera etapa más vinculada al Noucentisme que, progresivamente, vemos cómo irá evolucionando hacia un estilo más propio y alejado de los maestros, de Enric Monjo y Enric Casanovas. Observamos, pues, un trabajo constante con las formas, mediante una gran plasticidad e imaginación conceptual y, sobre todo, experimentando con todo tipo de materiales que, incluso, en ocasiones se entremezclaban entre ellos en una misma pieza. Ésta será su gran aportación a la escultura catalana y española del siglo XX. Conforme vaya pasando el tiempo y también nosotros vayamos recorriendo las salas del Espai Subirachs, veremos cómo su escultura acoge también referencias filosóficas, políticas, religiosas, sexuales… que se incorporarán al material creando un todo que antes aún no percibíamos, pero que será fundamental para llevar a cabo sus encargos de índole pública.

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Esta primera evolución la podemos percibir claramente en la secuencia de 4 piezas que encontramos en la pared de la izquierda de la primera sala. De este modo, en Dona mediterrània (1949), la primera de ellas, observamos cómo el artista empieza con una escultura muy equilibrada, serena y proporcionada (en definitiva, muy noucentista), que poco a poco va distanciándose de este estilo para acoger otras influencias, las cuales pasarán por una distorsión progresiva de las formas de la figura humana, iniciando el camino hacia la abstracción, ya perceptible en Europa (1953), una obra posterior a esa beca del Instituto Francés que le permitió ir a París y después a Bélgica. Se trata de una escultura angulosa y con textura; su piel expresa, expresa el tormento de la Guerra. Esta pieza nos lleva ya a una escultura expresionista que rompe con la serenidad y reposo de la primera etapa, a la par que también homenajea un mito, el mito de Europa y su famoso rapto por parte de Zeus.

Tal y como mencionábamos al inicio de la entrada, a raíz de sus contactos en París, un amigo lo invitará a Bélgica y le dejará su estudio. Participará en la Bienal de Anveres de escultura y, a partir de aquí, comenzará su éxito y a vivir propiamente de su trabajo como escultor. Se estará ahí durante 2 años y tendrá un mecenas que le pedirá, entre otros encargos, un retrato de su esposa, Céline (1955). Se trata de una obra muy picassiana, cubista, que sorprenderá gratamente a su comitente por su cambio de lenguaje, muy distinto al de las piezas de 1949, por ejemplo, lo que supondrá que éste le haga más encargos.

En el taller de Bruselas modelando el Moisés en grandes dimensiones (1955). Fuente: Espai Subirachs

 

Otras las piezas destacadas de esta primera sala son Clawdia Chauchat (1949), la amada del protagonista de La Montaña mágica (1924) de Thomas Mann y una pieza de ese estilo anterior al cambio mencionado; Yerma (1953), un homenaje a Federico García Lorca, a esa obra teatral perteneciente a la trilogía lorquiana, junto a Bodas de sangre y La casa de Bernarda Alba, a partir de la escultura a su personaje principal, Yerma, una campesina frustrada por no engendrar hijos que, sentada y en tensión, nos muestra su sentimiento, vinculándose ya con la etapa expresionista que mencionábamos; o el Moisés (1953), una pieza que será recuperada posteriormente, en la Sagrada Família, precisamente por su lenguaje, anguloso, expresionista y con una textura muy latente.

Esta etapa expresionista tendrá también sus reflejos fuera de Catalunya en un primer conjunto de escultura monumental con el cual culminará este primer periodo. Concretamente, el trabajo se implementará en León, en el Santuario de la Virgen del Camino, lugar en el cual en 1957 se construyó una basílica nueva, racionalista, similar a la del Santuario de Aranzazu (1955). Se realizó un concurso para decorar su fachada y Subirachs se presentó, junto a otros grandes escultores, más reconocidos en su momento que él, con una fotografía de una caja de zapatos con las esculturas (un apostolado muy expresionista) sobre ella en tamaño pequeño, un recurso económico dada su poca liquidez en ese momento. Aún así, gana y traspasa ese proyecto a una escultura monumental que le daría nombre y mucho impacto.

Santuario de la Virgen del Camino (León)

 

El santuario fue comisionado por un empresario mexicano, el creador de la cerveza Coronita, y en él participó en las vidrieras Albert Ràfols-Casamada.

Vidrieras de Albert Ràfols-Casamada

 

El encargo, además, incluía unas puertas de bronce, algo que Subirachs repetirá en distintas ocasiones, como podría ser la Sagrada Família.

 

La segunda sala, por sus dimensiones, engloba las posteriores etapas del artista y escultor en un mismo espacio. Primeramente, podemos empezar a conocer piezas vinculadas a la abstracción, en las cuales cabe tener en cuenta de que el tema siempre se hallará presente, aunque éste sea más conceptual, y no mitológico o religioso, como ocurría en la etapa anterior.

Vinculado ya con la abstracción plenamente, pues, es el estudio para la que fue la primera escultura abstracta de Barcelona, la Forma 212 (1957), localizada en las Llars Mundet, a la entrada del recinto. Ésta causó mucho revuelo, ya que se trataba de algo nuevo que la gente no acabó de entender. Lejos de las referencias figurativas que se pueden percibir en piezas anteriores, la pieza significó el paso definitivo de Subirachs en su evolución hacia la abstracción.

Se trata de una pieza de hormigón que complementaría la arquitectura de Manuel Baldrich, promovida por la Diputació de Barcelona con el fin de trasladar la antigua Casa de la Misericòrdia (actual CCCB) a la zona alta de la ciudad, y en cuyas vidrieras también trabajó Albert Ràfols-Casamada (esta sinergia entre comitente, arquitecto, escultor y vidriero se volvería a dar en la que fue la primera piscina olímpica del Estado, en las piscinas Sant Jordi).

En el interior hay un altar, un Vía Crucis, lámparas y una pila de agua bendita. Todo ello es también obra de Subirachs.

Forma 212 fue concebida para reposar directamente sobre el suelo, sin base ni pedestal alguno, lo que introducía un concepto de escultura monumental avanzado al momento y, por tanto, también realmente innovador, desvinculándose definitivamente de la escultura más académica. Es decir, que además de ser la primera escultura abstracta en un espacio público de Barcelona, Forma 212 fue también la primera sin pedestal. No obstante, en el año 1992, en motivo de una reforma en el Passeig de la Vall d’Hebron por los Juegos Olímpicos, se le colocó una peana, cosa que disgustó enormemente al escultor ya que desvirtuaba por completo su significado. Hasta hace dos años aproximadamente no se consiguió colocarla nuevamente directamente en el suelo, tal y como su autor la había ideado originariamente.

Os añado una fotografía de su disposición aún con pedestal:

 

Más polémico, por su localización más transitada, que la escultura de las Llars Mundet, sin embargo, fue Evocación marinera (1958-1960), localizada en la Barceloneta. Se trataba de un encargo del Ajuntament de Barcelona: Barcelona apostaba por el arte abstracto en sus calles, pero la población no estaba aún preparada para ello. Así que, como la comandancia marítima no quiso la obra delante de su edificio, la escultura fue colocada al final del Paseo Nacional, actual Passeig de Joan de Borbó.

El artista se planteó sugerir con una obra no figurativa el clima del mundo del mar. Es por ello que, inspirándose en un áncora, en un timón, en una hélice, en una proa y también en la textura de un objeto erosionado por el mar, así como en las velas de una embarcación, cortadas en horizontal por unas diagonales que simbolizan el movimiento de las olas, creó esta escultura que, como su nombre indica, se trata de una evocación marinera. Es decir, que como indicábamos, el tema aún existe en estas obras, pero se trata de un tema de concepción más compleja y alejada de las de la primera etapa.

Del mismo modo que Forma 212, Evocación marinera también lucía sin base ni pedestal.

 

En esta etapa comenzará también con los encajes entre diversos materiales (madera y piedra o madera y hormigón, por ejemplo), combinándolos y uniéndolos, a pesar de sus diferencias en textura, color o materia, pero también creando con ello un conflicto que pasa por la irrupción de uno de ellos en el interior del otro en forma de cuña. Observamos también que ya trabaja plenamente con temas conceptuales propiamente dichos (ya no literarios, mitológicos o religiosos), como serían el equilibrio, el contrapeso o la gravitación, entre otros. Aún así, en ocasiones aún hallamos esos aires mediterráneos, aquellos que aprendió del Noucentisme, con el uso de columnas, por ejemplo, como ocurre en Frontal II (1962), en el cual el tiempo degrada la columna presente en la obra.

Aunque todas ellas sean de pequeñas dimensiones, son piezas que nos recuerdan otras de más monumentales que usan el mismo recurso, como serían el Monument a Pompeu Fabra (1965) de Planoles o el Monument a l’Hospitalet (1974).

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En distintos momentos de la muestra, observamos modelinos de grandes monumentos; no obstante, en otros casos lo que encontramos son grandes monumentos que, pasado un tiempo, Subirachs recupera en pequeñas dimensiones, es decir, grandes monumentos que Subirachs traslada a tamaño humano. Éste sería el caso de una pieza de 1996 que encontramos en este mismo espacio y que, en realidad, es el traslado a pequeñas dimensiones de un monumento realizado para los Juegos Olímpicos de México 1968. Se trata de una de las piezas que componían la Ruta de la Amistad, un recorrido de 17kms por distintos monumentos realizados por los diferentes países participantes. Uno de ellos era de Subirachs.

 

La escultura está compuesta por dos pirámides que se encuentran en un punto en común. La que toca el suelo, la estable, representa los indígenas anteriores a la llegada de los colonos, mientras que la que irrumpe, la pirámide superior, nos vincula con los colonizadores. La franja intermedia representa el México actual. De hecho, en dicha franja podemos leer “México” con una grafía que nos recuerda a los motivos decorativos precolombinos.

Algo parecido se puede observar en una pieza de la última sala del Espai Subirachs que, de hecho, se trata también del modelino de un monumento de grandes dimensiones, localizado actualmente en la Plaça de Catalunya y que mencionaremos más adelante en esta misma entrada.

Fuera de Catalunya, mostrándonos su repercusión internacional, además de México y León, Madrid, Peñíscola o Seúl también tienen obras de Subirachs.

 

Tras esta etapa, observamos un periodo de crisis en Josep Maria Subirachs. Para él, la escultura era el medio de comunicación ideal, pero ésta no siempre era comprendida por el gran público, para el cual era dificultoso el entendimiento de su mensaje. Así que, progresivamente, observamos cómo se va alejando de la abstracción como tal y va recuperando la figuración, entrando, de este modo, en una tercera etapa denominada Neofiguración o Nueva Figuración.

Su Monument a Narcís Monturiol (1963), en la Avinguda Diagonal, un gran bloque de hormigón con un pequeño submarino, realizado a escala y completamente figurativo, símbolo del gran descubrimiento que este personaje llevó a cabo, ya es un ejemplo de esta transición hacia la Nueva Figuración, es decir, un precedente de la nueva etapa hacia la cual el artista se dirigía.

 

Así, por ejemplo, regresan los torsos y los elementos reconocibles vinculados a personajes de la mitología, pero de un modo distinto al de la primera etapa, torneándolos sobre sí mismos o proyectándolos hacia un punto de fuga. Uno de ellos es Galatea (1978), realizada con piedra de Calatorao, un tipo de piedra procedente de Aragón similar al mármol, y que nos vincula con ese mito en el cual Pigmalión, ante la imposibilidad de encontrar la mujer perfecta, como padre de la disciplina de la escultura que era, decide crearse su propia mujer en mármol, la cual adquirirá vida gracias a Venus.

Eva (1967), un personaje también muy presente tanto en el Modernismo como en el Noucentisme (recordemos la Eva de Enric Clarasó, actualmente en el MNAC), también formará parte de esta tercera etapa, especialmente en cuanto al recurso utilizado se refiere. Se trata de un rostro femenino extendido hasta formar un perfil corrido muy peculiar y característico de este periodo. Este recurso lo observamos tanto en escultura como en dibujo, donde también crea interesantes formas fugadas, que van hacia un punto de fuga de manera abrupta. De este modo, Subirachs vuelve a romper la barrera entre las distintas disciplinas del arte, creando dibujos y esculturas arquitectónicos.

Los contrastes entre las formas pulidas y las rugosas también regresan y con mucha fuerza. Torsos donde una mitad se encuentra en positivo y la otra en negativo o donde la parte más pulida sirve de espejo para mostrar el cuerpo entero de una figura serán muy recurrentes. En definitiva, esta penúltima etapa nos vincula también con la creación de juegos con el espectador, juegos que lo involucran y crean sensaciones en él.

El espejo estará también muy presente en su obra y el homenaje por excelencia que el artista hará a este elemento tan presente en la Historia del Arte lo hallamos en Las Meninas (1995), un dibujo no expuesto actualmente en el Espai Subirachs.

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La pieza más impresionante de este periodo, sin embargo, es La Deessa (1983), un gran bloque de piedra de Ulldecona de 500kgs, que no sólo nos vincula con la Historia del Arte tradicional y con escultores como Miguel Ángel, quien creaba piezas a base de “levare”, arrancar materia y haciendo salir de su interior la figura que se encuentra escondida en ella, sino también con esos juegos con el espectador que mencionábamos. Y es que se trata de un retorno al mediterraneísmo y a los juegos de cóncavo y convexo, del vacío y el lleno, que acaban creando un efecto óptico con el cual ya no sabemos si la figura se encuentra en profundidad o proyectada hacia el exterior.

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Justo delante, un Sant Jordi (1975), parecido al de las puertas del Palau del Lloctinent, se observa La Deessa. Se trata de un Sant Jordi a la manera donatelliana, similar al que Donatello esculpió para Orsanmichele en Florencia, es decir, en reposo y sin caballo.

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Sant Jordi en las puertas de bronce del Palau del Lloctinent

 

Subirachs realizó muchos Sant Jordis a lo largo de su trayectoria. Los más conocidos son el del Palau de la Generalitat, en la cual el santo y caballero se confunde con un Teseo y el Dragón con un Minotauro, vinculándonos de nuevo con el mito y el mundo clásico, y el de Montserrat, localizado en las puertas del Santísimo. En el interior del templo de la Sagrada Família también se conserva un Sant Jordi de Subirachs.

Calaveras en los Sant Jordis del Palau de la Generalitat de Catalunya y de Montserrat

 

Sant Jordi de Montserrat 

 

Y si antes hablábamos de romper barreras entre disciplinas con lo que se ha denominado escultura-arquitectura, un autorretrato del artista nos vincula con la escultura-pintura, es decir, con una pintura realista sobre un díptico. EL mismo recurso lo observamos en un retrato de Núria Espert como Fedra, quien interpretó este papel en una obra de Salvador Espriu en 1977. Esta segunda obra se encuentra en el Museu de les Arts Escèniques actualmente.

Núria Espert. Fuente: Espai Subirachs

 

En dibujo, encontramos en esta zona de la exposición distintos ejemplos destacados como podrían Paisatge amb figura (1973), donde se recupera ese árbol pubis, símbolo de fecundidad, contrapuesto al árbol seco, o la luna, siempre vinculada a la muerte. Otro ejemplo es 7 turons de Roma (1975), donde el artista regresa a la mujer, pero también la arquitectura, no sólo con el cuerpo femenino reconvertido en paisaje, sino también usando su seno como símil de la magnífica cúpula de San Pedro del Vaticano.

L’arbre (1974). Fuente: Espai Subirachs

 

Muy cerca, sin embargo, se encuentra la que es quizá una de mis piezas favoritas de la exposición, la Dafne (1979), un personaje de las Metamorfosis de Ovidio muy propio de la Historia del Arte (recordemos la escultura de Bernini), pero que en este caso aparece sola, sin Apolo, en plena transformación y en un momento de total intimidad. Su curva praxiteliana, además del propio proceso de transformación como tal, aporta un movimiento sutil pero evidente que, personalmente, otorga una gran belleza a la obra.

La mano del artista tapa su pubis y se convierte, del mismo modo que también ocurría en ese autorretrato – díptico antes mencionado, en un recurso narrativo más.

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Justo delante, se encuentra una pieza muy entrañable y repleta de significado dentro de la obra del artista. Se trata de Bucèfal (1980), el caballo de Alejandro Magno que tenía miedo de su propia sombra (la museología, con la creación de sombras a partir de sus focos de luz, juega perfectamente con la narración) y donde se trabaja con el perfil, el positivo y el negativo y el contraste entre la zona pulida y la rugosa. Pero, no sólo eso, y es que este pequeño caballo da un giro al tradicional monumento ecuestre clásico, recuperado durante el Renacimiento con esculturas como el Gatamelata, por ejemplo.

Esta pequeña escultura no será la única donde podremos observar esta recuperación de la Historia del Arte renovada con conceptos actuales en la obra de Subirachs, dado que monumentos como el Longinus de la Sagrada Família o el Monumento a Borrell II en Cardona también nos muestran estos mismos elementos.

Borrell II en Cardona. Fuente: Espai Subirachs

 

Y si antes hablábamos de Las Meninas o Miguel Ángel en la obra de Subirachs, éstos no se tratan de los únicos homenajes que el escultor hace a artistas precedentes. Así, por ejemplo, en el Espai Subirachs encontramos también Homenatge a Millet (1984), a partir de sus famosas espigadoras, tratadas en este caso de una manera enigmática, del mismo modo que hizo también Salvador Dalí, con ese gran hueso prehistórico sobre ellas, o a Giorgio Morandi (1985) con un gran bodegón sujetado en la pared.

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Homenaje a Giorgio Morandi (1985)

 

Y hablando de bodegones, otro bodegón localizado en la entrada del Espai Subirachs es Natura Morta (2005), una pintura que recuerda a Zurbarán, pero también a Dürer, no sólo en la disposición de sus elementos sobre un fondo negro, como el primer artista llevó a cabo en uno de sus bodegones más famosos, sino también por el membrillo, el mismo que Zurbarán también pintó, y por el poliedro, ese mismo polígono que Dürer añadió en su Melancolía.

No os añado una fotografía del dibujo de Subirachs con el fin de que vosotros mismos y mismas podáis hacer los vínculos pertinentes.  😉

Bodegón de Zurbarán

 

Melancolía de Dürer

 

También realizará distintos homenajes a Leonardo Da Vinci, presente en la última sala de la exposición, donde aparece la cúpula como calavera, es decir, como ese elemento que perdura, sobrevive, a pesar de la muerte del artista, y a la cinta Moebius (1992), tanto en dibujo como en escultura, símbolo de infinito.

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Cinta de Moebius (1992)

 

En los años 80 recibirá el que será el gran encargo de su vida, un encargo inesperado, pero que llevará a cabo durante más de 15 años. Se trata de la fachada de Pasión de la Sagrada Família, todo un reto pero también un reconocimiento a todo ese trabajo que había realizado para Barcelona.

Dado que la fachada de la Pasión de la Sagrada Família nos daría para toda una entrada entera, no me entretendré explicándola, aunque cabe mencionar que algunos de esos elementos tan recurrentes en la obra de Subirachs que hemos presentado en esta entrada, como serían la luna como símbolo de la muerte o el uso del expresionismo o el cóncavo y el convexo, también se dan en la fachada. Al final de la exposición, un pase de diapositivas nos muestra fotografías en detalle de cada una de las esculturas de esta magna obra.

 

Esta última sala nos muestra pequeñas piezas, dibujos, grabados y medallas coetáneos a la fachada de la Pasión. La mayor parte de ellas tiene el elemento común de que se encuentra muy vinculada a la arquitectura, es decir, que son piezas que juegan con esa disciplina en cierta manera frustrada para Subirachs que comentábamos al inicio de la entrada.

Una de ellas es el Homenatge a Ramon Llull (8 graons, 2007), una escalera, perfectamente en sintonía con la naturaleza, que encontramos en Montserrat (actualmente vallada por temas de seguridad y las “ideas de bombero” de los que se quieren hacer selfies en lugares no adecuados), pero que en el Espai Subirachs se expone en pequeñas dimensiones. Cada peldaño nos vincula con cada uno de esos pasos necesarios para llegar al Todo, a la Verdad, a la Divinidad. De este modo, ordenados jerárquicamente de menor a mayor contemplación de nuestra meta final, encontramos la piedra, la llama, la bestia, el hombre, el cielo, el ángel y Dios. Las cuatro primeras pertenecen al mundo material, mientras que las tres últimas son del mundo espiritual. El ser humano participa de las dos naturalezas, es por ello que se encuentra en el medio de ambas.

Éste se trata de uno de esos modelinos creados con posterioridad al monumento como tal, es decir, que es posterior al monumento de Montserrat (1976), que mencionábamos.

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Homenatge a Ramon Llull (1976) en Montserrat

 

Homenatge a Ramon Llull (2007) en el Espai Subirachs

 

Montserrat es uno de los espacios que más obras de Josep Maria Subirachs conserva. Se ha hecho, incluso, una ruta para poderlas visitas todas. Otro itinerario que os recomiendo es la de las piezas de Subirachs por antiguas o actuales sedes de General Óptica. ¡Son más de 30 los espacios que el escultor decoró para esta empresa en exclusiva!

 

Finalmente, otra pequeña pieza vinculada a un monumento real y que ya hemos mencionado en unas líneas anteriores es el Homenatge al President Macià (1991) de Plaça de Catalunya. En ella, observamos este juego observado en el monumento de México, es decir, que hallamos una pieza consolidada, la Catalunya del pasado, y una escalera inacabada, la pieza invertida, que representaría la Catalunya actual, aquella incierta y cuyo futuro desconocemos.

En la Plaza, sin embargo, hay elementos que esta escultura no incluye, como serían las inscripciones referentes a la historia de Catalunya o el busto de Francesc Macià, obra de Josep Clarà.

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La tipografía estará siempre muy presente en la obra de Subirachs. Ejemplos son la fachada de la antigua sede de Tele Express o los aparcamientos Saba, un juego de P’s y B’, de Parking y Barcelona, que llenaron la Barcelona de los año 60, una Barcelona que, como decíamos, apostó por el arte abstracto y, más concretamente, por Subirachs en sus calles.

 

Este monumento a Francesc Macià no es el único que realizó el artista al que fue President de la Generalitat de Catalunya puesto que encontramos otro en Vilanova i la Geltrú que, además, incluye una frase del presidente, del mismo modo que también lo hace el monumento a Pau Casals en El Vendrell.

Otros monumentos de grandes dimensiones son el de Salvador Espriu en Santa Coloma de Farners, el de las 4 barras en Cervera, en homenaje a la creación de la Generalitat de Catalunya en la capital de La Segarra (lo visitamos en La Bcn Que Me Gusta hace un tiempo), o el que se levantó en motivo de la inundaciones del Vallès de 1962 en Rubí.

Esculpiendo el Francesc Macià de Vilanova i la Geltrú (1982). Fuente: Espai Subirachs

 

Para finalizar, dado que Subirachs no diferenciará entre artes menores y mayores, ya que para él, incluso, las pequeñas piezas merecerán una mayor atención que las mayores, la muestra finaliza con un conjunto de medallas conmemorativas de distintos hechos, entre los cuales destaca la Caputxinada de 1966. Con los beneficios obtenidos de dichas piezas, se sufragaron las multas impuestas a los participantes del encierro en el convento de los Caputxins de Sarrià.

Paralelamente, también se puede disfrutar de distintos carteles y obra gráfica que Subirachs también cultivó.

Medalla en motivo de la Caputxinada (1966). Fuente: Espai Subirachs

 

En definitiva, una visita al Espai Subirachs se hace imprescindible para repasar la historia de la escultura catalana y española de los años 60 y 70, a la par que nos acercamos a la trayectoria de uno de los escultores más destacados del siglo XX y aprendemos, no sólo su complejidad y elementos más definitorios, sino también que fue más allá de ser sólo un escultor.

Se trata, pues, de un espacio donde redescubrir la figura de Josep Maria Subirachs y disfrutarla de una manera distinta a la que siempre nos han enseñado, motivo por el cual recomiendo muy gratamente su visita.

 

Para más información:

Carrer de Batista, 6

www.subirachs.cat

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