Visita al Monestir de Pedralbes

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Uno de los reductos medievales, realmente parado en el tiempo, que conservamos en nuestra ciudad es el Monestir de Pedralbes, una promoción real, realizada por un hombre que supo entender las necesidades de su mujer, por Jaume II para Elisenda de Montcada, su cuarta esposa, tras Isabel de Castilla (matrimonio que fue anulado), Blanca d’Anjou (la esposa que realmente le daría descendencia; de hecho, todos los hijos del rey son de ella, quien acabaría muriendo de sobreparto) y María de Chipre (acción estratégica que daba beneficios en ultramar a la Corona pero que, sin embargo, no acabó de funcionar debido a que el hermano nunca pagó su dote).

De Jaume II y Blanca de Anjou hemos hablado en más de una ocasión en La Bcn Que Me Gusta. Una de ellas fue cuando visitamos Santes Creus, lugar en el cual se encuentran enterrados y donde, debido a su visión del arte y la monarquía, aplicó por primera vez en Catalunya el Gótico como estilo artístico. También los mencionamos cuando hablamos del Sepulcro de Joan d’Aragó, hijo de ambos, en la Catedral de Tarragona.

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Blanca d’Anjou en el sepulcro de Santes Creus

 

Cazada por Sara de Viajar Lo Cura Todo visitando los sepulcros de Jaume II y Blanca d’Anjou en Santes Creus

 

Jaume II, criado en Sicilia, fue siempre un rey muy consciente de la importancia de la imagen de la monarquía dentro de su gobierno, así como un personaje abierto a nuevas ideas y movimientos. Así, no sólo dio siempre mucha importancia al arte, algo que sus antecesores no habían hecho nunca, a pesar de que otros reyes coetáneos a ellos sí lo hiciesen, sino también a crear un vínculo de la familia real con el movimiento franciscano, como veremos en la entrada de hoy.

En 1322, tras la muerte de su tercera mujer, consiguió finalmente casarse con Elisenda de Montcada, la mujer que realmente quiso durante toda su vida y con la cual ya mantenía una relación en Lleida, donde el rey realizaba largas estancias. Él tenía 55 años y ella 30, una edad bastante tardía para una mujer para casarse, lo que demuestra que la relación con el rey ya venía de lejos. El matrimonio entre ambos tardó en llegar pero el rey, a la que enviudó, no perdió apenas tiempo en dirigirse al Papa (de hecho, lo hizo al día siguiente de la pérdida de su mujer), en aquel entonces en Avignon, para obtener una dispensa de consanguineidad en tercer o cuarto grado y concertar nuevas nupcias.

Elisenda de Montcada pertenecía a unas de las familias más nobles de Catalunya, a uno de los linajes más antiguos de la Corona y con gran importancia tanto en tierras como en su cercanía a la familia real (muchos de ellos fueron consejeros y acompañantes de los reyes, a pesar de no ser ni condes ni vizcondes). Pertenecían a la Catalunya Vella pero, con Ramon Berenguer IV y la conquista de Lleida, cambiaron de escenario y sus territorios siempre estuvieron entre Lleida y Tortosa.

De los Montcada también hemos hablado en distintas ocasiones, especialmente durante nuestras visitas a las Terres de Lleida. Ejemplo de ello es Aitona, población bajo el patronazgo de los Montcada. La familia Cardona, de la cual también hablamos en Bellpuig d’Urgell, estaba emparentada con los Montcada.

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Escudo de armas de Elisenda de Montcada: partido, puesto que ella mantuvo el de su familia en todo momento

 

Las bodas entre Jaume II y Elisenda de Montcada fueron en Tarragona, lugar en el cual residía el rey en ese momento por su clima benigno (en ese momento ya estaba enfermo) y por ser también la ciudad desde la cual se preparó la conquista de Cerdeña y la llegada de las reliquias de Santa Tecla desde Armenia, hecho al cual se le dedicó una gran celebración religiosa.

 

Es para Elisenda de Montcada que se construyó el Monestir de Pedralbes, a pesar de que no fuese necesario ya que Blanca d’Anjou ya había fundado un convento de clarisas en Vilafranca del Penedès. Y es que cabe tener en cuenta de que el Monestir de Pedralbes es un lugar muy especial, la construcción de algo que Elisenda pediría a Jaume II nada más casarse: la creación de un lugar donde poder retirarse al enviudar. Cabe tener en cuenta que las mujeres viudas eran una molestia en un señorío, más si ya había otra mujer que lo gobernase, y esto es precisamente lo que ocurriría a Elisenda, reina pero no madre del futuro rey, Alfons el Benigne, ni de ninguno de los hijos de su marido. Aparte, tampoco hubiese sido sabio que la reina presente, Teresa d’Entença y después Eleonor de Castilla, las esposas de Alfons el Benigne, viviese en el mismo palacio que ella.

Es por todo ello que, al día siguiente de la boda, Elisenda de Montcada ya tenía a su nombre unos terrenos en el Vallès, regalo del rey, para fundar su monasterio (finalmente fue en Pedralbes, como explicaremos un poco más adelante), un lugar del cual sería siempre propietaria y reina y donde todos la reconocerían como tal.

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A pesar de que Elisenda de Montcada se retirase en Pedralbes, sería siempre muy querida en la corte, de ahí que fuese invitada, por ejemplo, a los grandes eventos de la Corona, tales como el traslado de los restos de Santa Eulàlia de Santa Maria del Mar a la Catedral de Barcelona, tras las obras del nuevo templo gótico, como indicamos en una entrada de La Bcn Que Me Gusta. Sabemos, pues, a partir de las palabras de Pere el Cerimoniós, su nietastro (recordemos que Elisenda no tuvo hijos con Jaume II), que ese día bajó la Regina de Pedralbes a Barcelona. Pere el Cerimoniós siempre la tratará con mucho respeto e, incluso, la hará madrina de su primera hija, dado que Elisenda siempre lo apoyaría como rey ante la pugna del trono que se dio entre él y sus hermanos, hijos de la segunda mujer de Alfons el Benigne.

 

El Monestir de Pedralbes

No tenemos apenas documentación sobre su construcción, pero sí sabemos que se construyó rápido, pasando sólo un año entre su fundación (1326) y su inauguración (aún no estaba finalizado en este momento, sólo se trataba de unas barracas), a la cual su marido y cómplice no pudo asistir ya que ya se encontraba enfermo, con piedra blanca (de ahí el nombre de Pedralbes) de una cantera cercana.

Mucha información nos ha llegado gracias a Sor Eulàlia d’Anzizu (1868-1916), archivera del Monestir de Pedralbes y escritora de su primera monografía. Todavía es una lectura de referencia a la hora de conocer sobre esta construcción gótica.

Como hemos mencionado, los primeros terrenos que recibió Elisenda de Montcada se ubicaban en el Vallès. Esto se debe al hecho de que, inicialmente, se hubiese valorado la opción de construir el monasterio en Cerdanyola del Vallès. La reina vivía en el Palau Reial de Barcelona, pero Barcelona ya disponía de un convento de clarisas ubicado en la zona que siglos más tarde ocuparía la Ciutadella. Así que, finalmente, se escogió un lugar en el cual fuese fácil disponer de materia prima, con el fin de optimizar costes, pero cercano a la ciudad.

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Dado que las monjas clarisas no pueden administrar de manera autónoma los distintos sacramentos, se instaló justo al lado, en lo que se conocía como el Conventet, una comunidad de franciscanos. De dicho convento sólo se conserva su claustro gótico; el resto es obra de nueva planta de los arquitectos Enric Sagnier y Francesc Folguera, pero añadiendo elementos de Santa Maria de Besalú y una torre de la antigua muralla del monasterio. Actualmente, es propiedad de la familia Gòdia, puesto que con su desamortización pasó finalmente a manos privadas.

 

La iglesia, de acceso independiente al monasterio desde la calle, estaba compartida entre las dos comunidades, de ahí que presente dos coros. De este modo, el coro central (actualmente sólo se conservan de él tres paneles con iconografía franciscana en el Cleveland Museum) no era utilizado por las monjas clarisas, sino que se instalaban en él los monjes franciscanos, quienes impartían las misas. Ellas, a pesar de ser las propietarias del monasterio, estaban la parte superior y a los pies de la iglesia, elevadas y aisladas, puesto que eran de clausura. El coro de las monjas también fue desmantelado, pero no sabemos cuándo.

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En la parte superior observamos el lugar destinado al coro de las clarisas

 

Fragmentos del coro del Monestir de Pedralbes conservados en el Cleveland Museum

 

Disposición de los dos coros

 

El templo, como de tradición mendicante que es, debería lucir sólo la piedra en los lugares sagrados, tales como las capillas laterales o el altar. No obstante, cabe tener en cuenta que no nos encontramos en los inicios de este tipo de órdenes (s.XIII), en los cuales prevalecía la austeridad, sino ya en el siglo XIV, momento en el cual los propósitos de pobreza se pierden, especialmente tras la batalla entre franciscanos conventuales y espirituales y la victoria de los primeros, los cuales practicaban una observación menos rígida de la Regla. Ante este hecho, las cubiertas de arcos diafragmáticos de muchos de estos conventos, mucho más baratas de construir que las bóvedas de piedra, se sustituyeron progresivamente por la piedra. Esto sucedió, por ejemplo, en el convento de San Francisco o el de Santa Caterina de Barcelona. En Pedralbes, sin embargo, la construcción ya fue directamente en piedra, convirtiéndose en el primer templo mendicante que ya no siguió estos preceptos de austeridad.

 

Como fundadora que era del monasterio, Elisenda de Montcada sería enterrada en el altar mayor, en el punto de más honor de la iglesia. Su tumba es de lo más interesante puesto que se trata de un modelo en alabastro con doble vertiente. En el lado que da a la iglesia, observamos un cuerpo yacente de Elisenda de Montcada como reina, mientras que en el lado opuesto, aquel que da al interior del claustro, como monja clarisa con su correspondiente hábito franciscano.

El sepulcro sigue el modelo de Jean de Tourné, es decir, un tipo de escultura, llamada de aplique, que trabaja el sarcófago como tal por separado de la escultura del yacente con el fin de minimizar costes. Los escultores podrían ser tanto Jean de Tourné como su sucesor, Aloi de Montbrai.

Alrededor, como es habitual en este tipo de sepulcros, se encuentran santos cómplices de la reina, aquellos hacia los cuales tenía una especial devoción, como San Francisco, Santa Clara, San Jaime o Santa Eulàlia.

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Por otro lado, dado que se trataba de una fundación real con monjas procedentes de grandes familias, cabe también mencionar que el interior de la iglesia acogía también grandes retablos, pues siempre hubo una voluntad de buscar los pintores más excelentes, de ahí que, por ejemplo, el retablo mayor fuese de los hermanos Serra y el retablo del coro de Bernat Martorell.

Su campanario octogonal, por su parte, sería de los primeros que marcarían el inicio de una larga tradición de campanarios octogonales en toda Catalunya, iniciada por la Capella de Santa Àgata, el primero de ellos y modelo a seguir.

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¿Por qué un monasterio de clarisas?

Como hemos indicado, la familia real catalana, como otras familias europeas y especialmente a partir de la llegada de Jaume II desde Sicilia, se vinculó al movimiento franciscano como una herramienta más de creación de una imagen de monarquía. De este modo, el ideario franciscano formaba parte en su manera de actuar y gobernar, ya no sólo en determinadas celebraciones (por Semana Santa, por ejemplo, llevaban a cabo el ritual del lavamiento de los pies a personas de status más bajo que ellos), sino también en las nuevas fundaciones conventuales y eclesiásticas. Es por ello que la capilla real, Santa Àgata, seguía los preceptos de la arquitectura mendicante, es decir, que como hemos mencionado, sólo reservaba la piedra en las bóvedas del altar y las capillas laterales, mientras que todo el cuerpo de la iglesia tenía una cubierta, aún conservada, basada en la madera y los arcos diafragmáticos.

La elección del ideario franciscano en su gobierno, un movimiento nuevo que proclamaba ante todo la austeridad y el retorno a la ley de San Benito, durante un tiempo perdida, estaba en cierta manera fundamentada por el hecho de que en la familia hubiese una serie de santos franciscanos, entre los cuales encontramos San Luis de Francia (rey Luis IX de Francia) y San Luis de Toulouse, tío abuelo y hermano de Blanca d’Anjou, respectivamente. A cambio de esta opción de ideología, la Corona también se aseguraba la protección de su alma por parte de la comunidad franciscana, quien oraría por ella tras su muerte.

Todo ello explicaría, pues, que Jaume II se decantase por la orden franciscana a la hora de fundar este nuevo monasterio.

 

Su claustro

Uno de los elementos más destacados del Monestir de Pedralbes es, sin lugar a dudas, su claustro, ese elemento fundamental en el correcto funcionamiento de un monasterio que no sólo vertebra sus rituales y estancias, sino también permite, por ejemplo, conrear en su interior plantas medicinales, de gran importancia en el caso del Monestir de Pedralbes. Se trata de uno de los más grandes de Catalunya, junto al de Sant Cugat del Vallès (hablamos de él recientemente en La Bcn Que Me Gusta), aunque en este caso es gótico y no románico, y presenta dos niveles.

Otros claustros de los cuales hemos tenido ocasión de hablar en La Bcn Que Me Gusta son los de la Ruta del Císter, el de la Catedral de Tarragona, el de la Catedral de Barcelona o el de la Seu de Lleida.

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Todo él se compone de columnas y capiteles de Pedra de Girona, un sistema semi-industrial de construcción basado en la construcción seriada de columnas, capiteles y ventanas, creado en época medieval en Girona y que ya conocimos visitando la Parròquia de Santa Anna.

La Pedra de Girona procede de las canteras del barrio de Pedret de Girona y se reconoce por los nummulites (pequeños fósiles blancos) que encontramos en el interior de la piedra gris. Dadas las grandes dimensiones de dicho negocio, podemos encontrar este tipo de columnas y capiteles en un sinfín de claustros de toda Catalunya (incluso de Valencia y Aragón) y palacios. El Palacio de la Generalitat o la Parròquia de la Immaculada Concepció serían ejemplos de ello. De hecho, también lo vimos en el palacio del Monestir de Santes Creus.

Disponían de catálogos ya elaborados (dos o tres tipos de columna y dos o tres capiteles distintos), aunque permitían en algunos casos personalizar un poco las construcciones a partir de la incorporación de pequeños escudos. En este caso, pues, encontramos pequeñas hojas de palmera (un tipo de capitel perteneciente a este catálogo) pero el escudo de los reyes (las cuatro barras del rey y los roeles de los Montcada).

 

En el claustro encontramos también una galería con función funeraria, aquella que toca directamente a la iglesia de cuyas misas las almas de los difuntos se beneficiaban (era también, pues, la zona de entierro más cara tras el altar). Es en ella donde observamos esa vertiente del sarcófago de la reina como clarisa, así como las tumbas de otras mujeres (no siempre eran monjas, pues muchas simplemente tenían el privilegio de ser enterradas aquí y que la comunidad orase por ellas por el simple hecho de haber donado terrenos al monasterio), pertenecientes todas ellas al círculo de Elisenda de Montcada, puesto que ésta siempre actuaría como protectora de las mujeres de su clan (otras mujeres nobles, viudas o no, de las familias de los Montcada, los Pinós o los Cardona) creando este monasterio familiar. Un ejemplo sería la segunda abadesa del monasterio, Francesca ça Portella, sobrina de la reina Elisenda, enterrada justo al lado de ella.

La primera abadesa fue Sobirana d’Olzet. Procedente del convento de Sant Antoni, localizado cerca del portal de Sant Daniel, en la antigua muralla de Barcelona, ella sería la que se encargaría de organizar la vida conventual de la primera comunidad de Pedralbes, conformada por 14 monjas.

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Otro espacio del claustro que cabe no olvidar es el oratorio particular de la mencionada abadesa Francesca Saportella  (o ça Portella) i de Pinós, la llamada Cel.la de Sant Miquel; un espacio con 25 pinturas, las cuales responden a las devociones particulares de la abadesa que la impulsó, estructuradas en tres partes (ciclo de la Pasión de Cristo, los Siete Gozos de María y distintos retratos de santos) y que han traído mucha controversia, puesto que no todos los historiadores del arte atribuyen su autoría a la misma persona. Oficialmente, se ha considerado que su autor es Ferrer Bassa, pintor real y uno de los artistas más fructíferos del momento, con un gran taller bajo sus órdenes. Ello, pues, da notoriedad a la capilla, aportándole un gran prestigio.

No obstante, digo oficialmente porque las diferencias estilísticas y técnicas entre la obra de Ferrer Bassa y la capilla son bastante evidentes. Dicha controversia se inició a partir del descubrimiento de un documento, por parte del gran especialista en arte medieval Joaquín Yarza en 1996, en la Biblioteca Marciana de Venecia. Se trataba de un libro de horas catalán con la heráldica de Pere el Cerimoniós y María de Navarra, elaborado por la mano de Ferrer Bassa. Este descubrimiento comportaría que se pudiese realizar una comparativa estilística entre el libro y la capilla, considerada de Ferrer Bassa por un contrato firmado el 18 de agosto de 1343 encontrado en el Monestir de Pedralbes, y que dadas sus diferencias, se pusiese en duda la actuación del artista en el Monestir de Pedralbes. La autoría de las pinturas, pues, está discutida puesto que su estilo difiere del de otras obras del artista, por otro lado normalmente especializado en manuscritos y retablos (nunca antes se había encontrado una actuación suya en una pintura mural).

¿Y por qué la existencia de un contrato en el cual se especifica que el encargo va dirigido a Ferrer Bassa? La voluntad expresa de las monjas queda reflejada en este contrato, es decir, querían que fuese Ferrer Bassa el artista de la capilla (recordemos que dada su posición social, éstas siempre encargaban sus comitencias a los mejores artistas del momento), de ahí la existencia de estos honorarios pagados y confirmados mediante contrato. Lo que podría haber sucedido es que, dado el volumen de trabajo que acostumbraba a tener Ferrer Bassa (en este momento estaba realizando unos retablos para las capillas reales del castillo de Lleida, la Capella de Santa Àgata, el castillo de Perpinyà y el Palacio de la Almudaina de Palma encargados por Pere el Cerimoniós), el maestro hubiese subcontratado a otro artista, quien realmente realizaría la Cel.la de Sant Miquel. No obstante a ello, las órdenes siempre habrían sido dadas por Ferrer Bassa, puesto que, sino, no hubiese tenido sentido que fuese él quien cobrase dichos honorarios. Del mismo modo, sería difícil creer que ante el cambio de autor, las monjas siguiesen confiando en él. De este modo, a pesar de la diferencia estilística, todo ello demostraría su presencia de algún manera en la ejecución de la capilla.

El hijo de Ferrer Bassa, Arnau Bassa, también trabajaría para el Monestir de Pedralbes en un árbol de la vida, una composición mural no conservada.

Las pinturas están recién restauradas (se pudo llevar a cabo la restauración gracias a la tasa turística de Barcelona). En esta entrada de Wikipedia encontraréis la explicación iconográfica de cada una de sus escenas. En su iconografía podría haber intervenido también la reina al lado de la abadesa.

 

 

La celda de la abadesa Francesca Saportella no deja de ser, aunque de manera mucho más lujosa, una de esas celdas de día que encontramos por todo el claustro. En su interior, cada una de las monjas tenía su propio espacio, su propia intimidad, dentro de la comunidad. En su interior, rezaban pero también podían llevar a cabo sus distintas labores, tales como aprender de letra (eran las propias monjas las que enseñaban a las niñas) o bordar.

Estas celdas, pues, eran pequeños espacios de oración individual durante el día. Cada una de ellas se decoraba en función del gusto y las posibilidades económicas de su propietaria.

Si queréis saber más sobre el comisionado de arte por parte de mujeres, os recomiendo la lectura de este Trabajo de Final de Máster, “La influencia y el rol del género en la promoción artística bajomedieval”, de Gwendolyn Brouwer.

 

Otras dependencias del Monestir de Pedralbes

El Monestir de Pedralbes sigue el modelo propio de estos conventos, es decir, que alrededor del claustro encontramos esas estancias propias de un buen funcionamiento monástico. Ejemplo sería la sala capitular al lado de la iglesia.

No obstante, precisamente por su condición de monasterio femenino y de la existencia de una segunda comunidad masculina al cargo de los distintos oficios, observamos que ciertas estancias, como el dormitorio, no se encuentran en el lugar que deberían. Así, en contra de lo que marca la tradición, en la cual el dormitorio se encuentra encima de la sala capitular, de manera que desde él, en el caso de las plegarias de maitines o prima (primera misa), las monjes puedan acceder fácilmente a la iglesia nada más levantarse (algo útil especialmente en invierno), en el caso de Pedralbes éste se ubica cerca de los pies de la iglesia, cerca del coro de las clarisas, puesto que el coro principal era usado por esa comunidad masculina que daba soporte a las actividades que ellas no podían realizar por su condición de mujer. Ello también conllevo que se modificase la localización de la sala capitular.

Planta del Monestir de Poblet, disposición habitual de la Sala Capitular y del Dormitorio

 

Esquema del Monestir de Pedrables con la Sala Capitular desplazada

 

Lo que sí conserva el dormitorio es el modelo de estancia tradicional (aunque un poco reformado), es decir, que se trata de una gran sala con arcos diafragmáticos, ese tipo de construcción que también podemos encontrar en el Saló del Tinell o las Atarazanas y que pudimos apreciar también en el Monestir de Poblet, el ejemplo más monumental de este tipo de arquitectura en Catalunya.

En su interior dormían las monjas, pero no la abadesa, que disponía de una estancia propia adecuada a su rango, así como su propio oratorio, tal y como hemos mencionado antes. La reina Elisenda también disfrutaba de su palacio particular dentro del monasterio. En su interior, incluso, disponía de un altar/oratorio privado, concedido por el Papa. Sólo nos queda una pequeña parte de este palacio puesto que el deseo de la reina fue que se destruyese al fallecer.

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Ventana conservada del antiguo palacio de Elisenda de Montcada en el Monestir de Pedralbes

 

El dormitorio acoge actualmente el museo, donde se recogen las piezas que muchas de estas monjas pertenecientes a la nobleza catalana aportaban. Una de las más interesantes, en mi opinión, son unos pequeños retablitos, también de producción estandarizada, llamados retablos facticios, pues se configuran de distintas piezas individuales unificadas a partir de un mueble que las une. Cada uno de estos pequeños cuadros que componen el retablo era comprado de manera independiente, es por este motivo que observamos que no sólo estilísticamente el conjunto engloba escenas distintas, sino que incluso en ocasiones cada una de ellas procede de una época diferente. Era uno de los bienes más preciados por sus propietarias, puesto que se adaptaban a los gustos de cada uno de ellas, quienes los componían poco a poco con mucho amor.

Se conservan también otros retablos flamencos, muchos de ellos procedentes de Malinas, donde se preparaban para su exportación tras su fabricación también seriada con imágenes populares de santos que sabían que podían gustar a un público general. En este caso, dado que se trataba de una comunidad femenina, se escogían santas con las cuales, como monjas y nobles, se podían sentir identificadas sus propietarias. Muchos de estos productos estandarizados se compraban en Medina del Campo y tenían un mercado bastante importante.

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Otras piezas interesantes son una Anunciación de alabastro y un belén, muy propio del ideario franciscano como herramienta a la hora de implicar al devoto en la historia sagrada. Podría tratarse del primer pesebre de la Corona de Aragón y está fabricado también en alabastro, en este caso de Beuda (Alt Empordà).

 

La Sala de la Abadía es otro de los espacios del Monestir de Pedralbes que se pueden visitar. En su interior encontramos unas pinturas murales góticas (técnica mixta de fresco y temple) que por un lado nos crean la ficción de unos cortinajes y, por el otro, una pintura, a imitación de un retablo, con iconografía típicamente franciscana y que pretende crear empatía en el espectador y su conmoción. Así, observamos una nueva iconografía que justamente aparece en este momento: a María en la crucifixión con una espada clavada en el pecho. A su lado, además de San Juan Evangelista, encontramos esos santos tan queridos por la orden franciscana, tales como San Francisco de Asís y Santa Clara o San Luis de Toulouse, como hemos mencionado, un santo familiar que da valor al linaje y sacraliza el resto de la familia.

Estas pinturas fueron descubiertas por Agustí Duran i Sanpere en 1938 bajo el blanqueo de la pared.

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La Sala Capitular, antes mencionada, obviamente no podía faltar en el conjunto visitable del monasterio. En ella observamos otra diferencia respecto a la Orden del Císter: un pequeño altar en el interior de la Sala Capitular como es propio en las órdenes mendicantes. En su interior se encuentran también las laudas sepulcrales de las abadesas que pasaron por el monasterio.

Se trata de una comisión de la familia Cardona-Pinós, diseñada por Guillem Abiell, también presente en el claustro del Hospital de la Santa Creu o en la iglesia de Santa Maria del Pi, además de participar en la gran reunión realizada en la Catedral de Girona para dictaminar su futuro constructivo.

Finalmente, no podemos olvidar un último espacio necesario para el bueno funcionamiento de un monasterio, el comedor y cocinas, donde a partir de su estructura, observamos la importancia de la lectura en voz alta dentro de la orden, de ahí la existencia de un púlpito, y del silencio.

 

 

Y con estas últimas imágenes, finalizamos una entrada que, además de hablar sobre un espacio de Barcelona completamente parado en el tiempo, pretende también dar a conocer la figura de una mujer inteligente, una reina que tuvo la habilidad de organizar su jubilación, su retiro, en una época en la cual la mujer, sin el hombre, quedaba completamente relegada a un segundo plano. En el Monestir de Pedralbes, pues, continuaba siendo la reina de su palacio, algo que en el Palau Reial de Barcelona nunca hubiese sido.

Prueba de este papel tan importante es que Elisenda de Montcada sea una de las dos únicas mujeres que tiene un retrato en la Galería de Catalans Il.lustres del Ajuntament de Barcelona, impulsada por Francesc de Paula Rius i Taulet, a pesar de que actualmente se exponga en el Palau de Requesens, Reial Acadèmia de Bones Lletres de Barcelona.

Además de ser un espacio actualmente museizado, el Monestir de Pedralbes aún sigue vivo, aún acoge una pequeña comunidad de clarisas que mantiene todo este pasado y continúa con el cometido de Elisenda de Montcada, reina y clarisa.

 

Para más información:

monestirpedralbes.barcelona

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