Vzla-Bcn… ¡Caña de Azúcar!

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¡Regresamos a las propuestas gastronómicas de La Bcn Que Me Gusta y lo hacemos con un restaurante donde el esfuerzo y el buen hacer se halla y respira en cada uno de sus rincones!

Se trata de Caña de Azúcar, un restaurante ubicado en L’Esquerra de l’Eixample, al cual hace ya mucho tiempo que tenía ganas de ir, no sólo por las buenas perspectivas que se nos prometían en distintos blogs y revistas, sino también a raíz de su aparición en el programa de TV3 Joc de Cartes, en el cual el protagonista de nuestra entrada resultó vencedor (podéis encontrar el programa, aunque ya sin derechos de visualización debido al tiempo que hace de su emisión, aquí).

Así pues, por fin, me decidí a probarlo y, sobre todo, adentrarme con él a un tipo de gastronomía que desconocía por completo, la venezolana.

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Donde todo se encuentra cuidadosamente pensado…

En primer lugar, algo que me llamó la atención antes de visitar Caña de Azúcar fue su correcta e impecable política de gestión. Puede parecer quizá algo superfluo, especialmente porque no estamos, lamentablemente, acostumbrados a ello pero, precisamente por este motivo, consideré que, sin lugar a dudas, se trataba de un valor añadido a la experiencia.

Y es que, incluso en el momento de realizar mi reserva, me sentí realmente cómoda con la experiencia que estaba concertando, casi sabiendo con seguridad de que todo iba a ir bien el día en el cual se llevaría a cabo; en definitiva, que depositaba mi cena en buenas manos. De este modo, podemos observar cómo en el momento de la reserva, incluso, se preocupan por la existencia de algún tipo de alergia entre los comensales, algo que en la mayoría de ocasiones sólo se tiene en consideración una vez ya te encuentras en la mesa. Pero no sólo la pre-cena fue satisfactoria, sino también la post-cena, cuando recibí un correo electrónico en el cual se pedía mi grado de satisfacción, una valoración personal de mi experiencia, algo necesario también para continuar mejorando y que, una vez más, no siempre se da en muchos restaurantes.

Caña de Azúcar, además, supone también disfrutar de una manera íntima y personal de la experiencia gastronómica en sí misma, con una comida que busca la innovación dentro de la comida venezolana tradicional, aquella que la abuela de la propietaria de Caña de Azúcar, como bien se nos indica en la carta, cocinaba y mimaba pensando en sus nietos. En este sentido, pues, el trato de sus camareros y camareras es algo primordial, ya que ellos son también piezas clave para hacernos sentir como en casa, en un clima distendido e informal y muy bien acogidos en todo momento con cada una de sus explicaciones y detalles.

Adnaloy Osío es la pensadora y chef de Caña de Azúcar; además de ser venezolana, dispone de una amplia carrera en gastronomía, con estudios en la Hofmann y trabajando junto a Martín Berasategui en Donosti, Andoni Luis Anduriz en el Restaurante Mugaritz, en Punto MX de Madrid o con Jordi Cruz, entre otros. Samuel Calderón, dedicado a la parte administrativa, le acompaña en este viaje y proyecto personal.

El hecho de que una buena parte de los comensales fuese venezolana fue también una prueba definitiva, especialmente teniendo en cuenta nuestro desconocimiento sobre la cocina venezolana, para que aquello que ya deducíamos, que nos encontrábamos con una gastronomía venezolana auténtica, se confirmase.

 

Os añado el pequeño escrito que podemos encontrar en la carta y que nos explica, de una manera muy bonita, la filosofía de Caña de Azúcar:

En la mesa de nuestra casa,

se acostumbra a compartir…

Entre risas, regaños y mimos,

la abuela, la mamá

y las tías se pelean por servir…

 

Los nietos, hijos y sobrinos,

desesperados por terminar de comer,

salen corriendo a los techos

para agarrar los mangos que devorarán como postre

y recuerdos de vida.

 

Los domingos en casa de los abuelos

 

Su decoración

La decoración es también básica en la razón de ser de Caña d Azúcar, puesto que se trata de un elemento que va por completo cogido de la mano de su cocina y de esta filosofía que destacábamos en unas líneas anteriores. De este modo, en el espacio en el cual se lleva a cabo nuestra experiencia, todo está convenientemente pensado y, sobre todo, colocado con mucho amor y cariño. Así, en un clima acogedor, una vez más parecido al de un hogar (¿quizá el patio de la abuela de Adnaloy?), los recuerdos, los aromas y los sabores de Venezuela se van entrelazando, poco a poco, con nuestras sensaciones.

Libros de cocina nos rodean, así como también elementos que bien se podrían encontrar en una casa venezolana, como la puerta colgada en la pared, tan propia de los patios venezolanos, las lámparas, las Virgencitas o las velas, entre tantos otros objetos personales. Todo ello, con el continente sur-americano repicado en la pared, uno de los elementos de la decoración que más me gustó, e imágenes de la ciudad de Caracas, capital de la cual proviene Adnaloy.

 

Las baldosas también corresponden a los modelos típicos venezolanos de terracota, mientras que, por su lado, los sofás y sillas tapizados en terciopelo eran un tipo de mobiliario muy común en la Venezuela de los años 50.

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El interiorismo forma parte del estudio Ingenia Group, cuyo proyecto lo podéis encontrar aquí de manera más detallada.

 

La carta

Su carta, a pesar de que en un principio nos pareció algo confusa, debido a su extensión y nuestra falta de conocimientos sobre la gastronomía venezolana (las camareras, muy amablemente, rápidamente nos la explicaron y aconsejaron) es realmente fascinante.

Podríamos decir que ésta se divide en seis importantes hilos conductores o ámbitos, los cuales incluyen…

*Las Empanadas… maíz morado relleno de distintos ingredientes

*Los Tequeños… plato típico venezolano que podemos encontrar en todas las familias y que incluye, entre distintas opciones de relleno, el queso como alimento básico dentro de la masa de trigo o maíz.

*Los Tostones… fina tostada de plátano macho con distintos ingredientes sobre él

*La Cachapa… torta de maíz dulce a la leña que sirve de base de distintas combinaciones de alimentos.

*Los Ceviches… sí, los podemos hallar también más allá de Perú  😉

*Las Arepas… un clásico de la comida venezolana, procedente de los aborígenes, quienes lo trataban con piedras, basado en una masa de maíz cocida sobre un budare de leña (plancha propia de Venezuela, circular y de hierro fundido o arcilla, usada para cocer o tostar alimentos como las arepas o las cachapas, entre otros). Dicha masa se encuentra también rellena de distintas combinaciones, las cuales ya pueden estar dadas (correspondería al apartado de las arepas de caña) o elegidas en función de si queremos uno, dos o cuatro ingredientes en ellas.

 

¡No son fáciles de comer! Así que en la propia carta se nos dan tres consejos para hacerlo adecuadamente…  😉

1) Comerla con las manos

2) Ir rotando la arepa para que el relleno no se salga

3) En caso de compartirla, no cortarla, sino hacerlo a mordiscos

 

Todos los platos eran muy completos y, de hecho, estaban pensados para ser compartidos entre dos o tres personas. Así pues, dado que éramos sólo dos comensales, a pesar de que los ojos se nos fuesen hacia muchos platos que prometían ser de lo más suculentos, siguiendo las indicaciones de la camarera, nos decantamos sólo por tres de ellos… ¡y, aún así, no nos vimos capaces de comer un postre por persona!

¡Los sabores eran increíbles! Todos ellos llenos de contrastes e ingredientes que, a pesar de desconocer por completo, nos sorprendieron gratamente.

Algunos de los nombres de cada una de las opciones de la carta son de lo más graciosos y originales (ejemplos son el “Levanta muertos” o el “No te enamores del ceviche”), mientras que en la carta física continúan los detalles que en todo momento giran en torno a Caña de Azúcar. Y es que ésta se encuentra realizada a mano, con una textura que imita la hoja del plátano y que, además, pretende ser un homenaje a los abuelos: uno de ellos, poeta, de ahí que ésta tome la forma de un pequeño libro de poesía con la tipografía propia de las máquinas de escribir; los barquitos de papel que navegan por algunas de sus páginas hacen referencia a esos barcos que el otro abuelo, médico, les hacía con el envoltorio de los caramelos. En definitiva, nuevamente, se trata de una carta repleta de recuerdos y elementos de lo más íntimos y personales.

 

Finalmente, destacar también que Caña de Azúcar dispone de distintos menús (el Pá Ti Pá Mí de 68eurs por pareja, pues está pensado para ser compartido, y el Menú Criollo de 25eurs por persona) que permiten, como si de menús degustación se tratase, probar diferentes platos de la carta.

Y, ahora que llega Navidad, Caña de Azúcar nos ofrece también todo un conjunto de menús especiales y de grupo para festejar las Fiestas de una manera distinta. Nochebuena y Nochevieja se encuentran entre los días en los cuales podemos disfrutar de ellos.

Podéis encontrar toda la información y opciones de menú aquí.

 

¿Nuestra elección?

*Degustación de tequeños: incluía 6 unidades, acompañados de distintas salsas, cada cual más exquisita.

*La Cachapa Veggie con carpaccio de aguacate, cremoso de ajo rostizado, alcachofa a la leña, champiñones al ajillo, cebollita al grill, cremoso de tofu ahumado, tomatico fresco, ito togarashi y micro mezclum.

*Dos arepas, la Pabellón Criollo y la Pabellón Margariteño: ambas llevaban plátano dulce, lo que le aportaba un sabor magnífico, así como también frijoles y queso blanco rallado. La diferencia recaía en que, mientras la primera contenía carne desmechada, la segunda tenía como ingrediente el cazón, un tipo de pescado.

 

¿Y de postre? El Tres Leches, un bizcocho bañado en ponche crema de ron Santa Teresa bajo marshmallow quemado, acompañado de ensaladita de mora, frambuesa y menta.

Se trata de un postre que no nos resultó desconocido, aunque su textura sí que nos sorprendió, debido a que algo similar pudimos probar, del mismo modo que el ceviche, en la cocina peruana, tal y como podéis recordar en estas entradas que dedicamos en La Bcn Que Me Gusta a Ceviche 103 o The Market Perú (aunque en el segundo caso nos decantamos, finalmente, por otro postre, el Chocosuspiro).

Todos los postres son obra de Adriana, hermana de Adnaloy.

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¿Y para acompañar? La selección de cócteles es realmente amplia, así que no nos pudimos estar de probar uno de ellos, el Guadalupe, el cual, tras su primer sabor dulce, retomaba un curioso regusto picante con su combinación de tamarindo, ron Diplomático Mantuano, Malibú, sirope de almendras, naranja sanguina y cilantro.

Disponéis de la carta completa de cócteles aquí.

 

¿El precio de la cena? Unos 25eurs por persona

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Ya para concluir, sólo destacar cómo Caña de Azúcar nos aporta una oportunidad de lo más íntima y especial para acercarnos a la cocina venezolana sin apenas movernos de Barcelona; desde nuestra ciudad, pero con el calor y recogimiento de la auténtica Venezuela.

 

Para más información:

c/ Muntaner, 69

www.restaurantecañadazucar.com

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