William Klein en La Pedrera

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Tras un duro y largo cierre… ¡ya podemos regresar a La Pedrera!

Y es que una de las más destacadas obras de Antoni Gaudí, actual sede de la Fundació Catalunya – La Pedrera, reabrió sus puertas el pasado mes de julio y lo hizo con la buena noticia de que aquella exposición temporal que nos ofrecía y que no nos dio tiempo a visitar debido al confinamiento… ¡se prorroga hasta el 30 de septiembre!

Así que ahora ya sí que no hay motivo para no conocer la obra del que fue uno de los padres de la Fotografía de la segunda mitad del siglo XX, sin cuya aportación, realizada sobre todo durante los años 50 (ganaría el Premio Nadar en 1956), no se entendería la fotografía contemporánea y esa nueva mirada que nos ha llevado a la Fotografía actual. ¿Su nombre? William Klein

De este modo, bajo el título William Klein. Manifest y las más de 200 obras y documentos (algunos inéditos), incluyendo todas sus facetas creativas (algunas de ellas eclipsadas por la fotográfica), La Pedrera nos acerca, con una gran calidad, tal y como siempre nos tiene acostumbrados, a la Fotografía y a uno de los grandes de dicha disciplina. Pero, no sólo eso, y es que con todo ello nos presenta también la primera retrospectiva del artista en Barcelona (antes, en 1997, sólo había tenido lugar en nuestra ciudad un espectáculo).

La exposición también nos ha permitido disfrutar de algunas de las piezas cinematográficas de William Klein dentro del marco de actividades programadas. Una de ellas, “Qui êtes-vous Polly Maggoo?” (1966), una de sus películas de mayor éxito, se pudo visionar recién restaurada.

La muestra es fruto de una colaboración con la Fundación Telefónica España, de ahí que llegue a Barcelona tras su paso por Madrid, por el Espacio Fundación Telefónica, y está comisariada por Raphaëlle Stopin, crítica de arte y comisaria especializada en Fotografía. Gracias a esta perfecta síntesis, William Klein. Manifest se une a la línea de recuperación, que desde hace ya unos años lleva a cabo la Fundació Catalunya – La Pedrera, de fotógrafos más destacados del siglo XX, entre los cuales se encuentran Colita (2014), Pomés (2015), Catany (2016), Miserachs (2018) o Cualladó (2019).

Como es habitual en La Pedrera, cada sábado a las 18h y domingo a las 12h tienen lugar visitas comentadas al público general con el mismo precio de la entrada.

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¿Quién era William Klein?

William Klein es uno de los últimos fotógrafos todavía vivos que marcaron un antes y un después en la fotografía contemporánea y que pusieron las bases de la fotografía actual.

Se trata de un artista norte-americano, realmente pluridisciplinar, un artista total (algo que se ha destacado con ahínco en la exposición de La Pedrera), que además de la fotografía, también trabajaría la pintura, el diseño, la tipografía, la arquitectura y el cine; revolucionaría la Fotografía como disciplina en los años 50 pero, sobre todo, sería pionero de la fotografía de calle. Es por este motivo que se convierte también en un fotógrafo que no permite encasillamientos, pues esta pluridisciplinariedad, tan vinculada con sus anhelos de seguir los preceptos de la Bauhaus, hace que sea imposible categorizarlo simplemente como fotógrafo. Y es que, de hecho, sus inicios son como pintor, como también nos muestra la primera sección de la exposición de La Pedrera y tal y como recuperaremos más adelante en esta misma entrada.

No obstante, a pesar de la amplia variedad, sí encontramos algo en común entre todos sus trabajos: su obsesión por plasmar el movimiento a partir de imágenes borrosas, movidas y desenfocadas, mezclándose siempre con los sujetos con los cuales trabaja pero, a su vez, consiguiendo que éstos queden también individualizados dentro de la masa. Esto, sobre todo, lo podemos observar en su fotografía de moda, donde incluso trabajará con espejos para enfatizar la sensación de caos alrededor de la modelo (una modelo, por otro lado, completamente individualizada), y en la fotografía de ciudad, donde a pesar de la espontaneidad, en cierta manera parece que el resultado haya sido premeditado, consiguiendo que los retratados miren a la cámara e, incluso, le sonrían.

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Por todo ello, no sólo será un referente para la disciplina y sus distintos agentes, sino que sus libros, Nueva York (1956), Roma (1960), Moscú (1964) y Tokio (1964), serán también fundamentales en la Historia de la Fotografía. El de Nueva York, de hecho, se considera el libro de fotografía (en realidad, una especie de diario fotográfico de una ciudad en la cual Klein se sentía ya un extraño tras su paso por París) más innovador y radical del siglo XX. Su aparición tuvo muchísimo éxito e, incluso, Federico Fellini, además de admirarlo por sus vínculos con el lenguaje cinematográfico, a pesar de no dejar de ser fotografía fija, le propuso a raíz de su publicación que se convirtiese en su ayudante en la realización de Le notti di Cabiria. En sus tiempos libres, Klein exploraría la ciudad y realizaría las fotografías después publicadas en Roma.

Fellini drinking coffee, Roma, 1956

 

Cabe tener en cuenta que William Klein era hijo de inmigrantes judíos y vecino de un barrio obrero, de base irlandesa y antisemita, lo que supuso que conociese a la perfección las dos realidades de Nueva York, algo que reflejó perfectamente, de manera realmente transgresora para el momento y mezclando belleza y crueldad, en este libro. Tan transgresor fue que, a pesar de que el proyecto estuvo financiado inicialmente por la revista Vogue, nadie quiso publicar las fotografías, naciendo, así, el mencionado libro, Nueva York 1954-1955, editado finalmente en 1956 por Chris Marker de Ediciones Seuil, un francés que sí apostaría por Klein. El éxito en Europa, como hemos mencionado, fue tal que, incluso, le valió el Premio Nadar; no obstante, la publicación no llegaría a Nueva York hasta 40 años después, en 1995, momento en el cual fue reeditado.

Sobre Nueva York quise hacer una historieta ilustrada de la fotografía, con las fotografías enganchadas las unas con las otras. Eso hacía una lectura más difícil en apariencia, pero más en consonancia con la sucesión de fogonazos visuales que puedes tener cuando vas por la calle.

William Klein

 

Mi estética era la del Daily News de Nueva York. Me imaginé el libro que quería hacer como un diario sensacionalista furibundo, grosero, llamativo, saturado de tinta, con una composición impactante y unos titulares de escándalo. Era lo que Nueva York merecía.

William Klein

 

Para esta labor, William Klein también se autodefinió como un etnógrafo “tratando neoyorquinos como un explorador trataría zulúes, buscando la instantánea más cruda, el grado cero de la fotografía”.

 

A pesar de sus múltiples viajes e, incluso, regresos a su ciudad natal, Nueva York, William Klein se afincará en París, donde desarrollará gran parte de su trayectoria profesional; una trayectoria que será premiada en distintas ocasiones. Así, en 1988 recibirá el Premio de Cultura de la Deutsche Gesellschaft für Photographie (Asociación Alemana de Fotografía); en 1990, el Premio Hasselblad y el Premio Agfa-Bayer/Hugo Erfurt, la Medalla del Siglo de la Sociedad Fotográfica de Londres o el premio PhotoEspaña en 2005. Además, se han organizado otras retrospectivas desde las distintas facetas que ha trabajado, como la de sus filmes en Japón y Nueva York o fotográficas en Italia, Rusia, Estados Unidos y Londres.

Actualmente, aún vive y trabaja en París.

 

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La exposición

William Klein. Manifest se divide en siete ámbitos que nos hablan de esas distintas disciplinas y temáticas que componen la totalidad de la obra del artista. Así, el primero de ellos nos trata sus inicios, no fotográficos sino pictóricos, tan marcados por la influencia de Fernand Léger, en cuyo taller trabajaría en París.

Seguidamente, la muestra pasa por la etapa de las abstracciones fotográficas, es decir, esa descomposición de la fotografía que caracterizará su primera obra, hasta llegar a la fotografía de calle como tal, el tercer ámbito de la exposición, presente especialmente en esas ciudades ya mencionadas en líneas anteriores, junto a París, que plasmaría con su cámara.

Cada una de estas ciudades, como hemos visto, tiene su propio libro y es que recordemos que el libro fotográfico, junto a las revistas, era en esa época la gran herramienta de difusión de toda esta obra.

Como artista total que era, él mismo decidirá la maquetación y textos de cada uno de estos libros.

Las distintas ciudades se encuentran convenientemente diferenciadas a partir de los colores de los plafones de la exposición

 

Los ámbitos centrales de la muestra corresponden a las últimas etapas de su vida profesional y nos permiten hacer un recorrido por esas otras disciplinas que también cultivará, tales como el cine, la llamada pintura letrista o sus denominados contactos pintados, una revisión que llevó a cabo de su propio archivo en el que, recuperando la práctica de las hojas de contactos, que servían para ver juntas las fotografías de un mismo carrete, nos vuelve a unir dos disciplinas distintas en una misma obra, la fotografía y la pintura. Los trazos que aplicará en estas obras están hechos con cera.

Un último ámbito, previo cronológicamente a muchos de los ya mencionados, nos trata su fotografía de moda.

 

Pero vayamos a pasos…

Los inicios de William Klein se encuentran en París, en el taller de Fernand Léger (no le influye mucho estilísticamente hablando, pero sí los temas de sus pinturas, tales como el mundo obrero, la ciudad moderna o la densidad), y en pintura, entre 1949 y 1951 con unas naturalezas muertas que, progresivamente, se irán convirtiendo en simples manchas de colores. Es por ello que también irá pasando a la abstracción, una abstracción que dejará de lado la pintura (aunque nunca la abandonará completamente) y se inclinará hacia la fotografía. Este proceso vendrá, sobre todo, de su necesidad de fotografiar sus paneles pintados para documentarlos; es así cómo descubrirá la fotografía y, progresivamente, también los experimentos de László Moholy-Nagy, miembro de la Bauhaus y personaje que será también fundamental para comprender su movimiento, el espíritu de la línea pura que, incluso, vincula la primera fotografía de Klein con la arquitectura y la interdisciplinariedad..

Estas variaciones abstractas acabarán siendo publicadas en la revista italiana Domus en 1953, algo que repetirá en distintas ocasiones hasta 1961.

 

Otro personaje que también le influirá será Piet Mondrian, con quien irá a la isla de Walcheren (Países Bajos). Las fotografías de este momento, jugando siempre con las líneas de las arquitecturas y los contrastes negativo-positivo, parecen, en cierta manera, réplicas de lienzos del pintor holandés pero en distinta disciplina, no abandonando nunca por completo el lenguaje pictórico, aunque se trate de una fotografía.

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En 1954 dejará París y regresará a Nueva York, donde iniciará el primero de esta serie de libros vinculados a la vida de la ciudad, a su movimiento, algo que revolucionará y distorsionará, con el fin de enfatizarlo más, a partir de una lente gran angular que, al acercarse tanto al sujeto, provocará que éste se deforme y desenfoque.

A pesar de una técnica fotográfica comuna en todos ellos, cada ciudad le permitirá trabajar un elemento distinto más concreto. Así, en Nueva York, la prioridad será el sujeto dentro de una ciudad en movimiento; en Roma, siguiendo la idea del cine, el movimiento como tal, tan presente en el transporte urbano, por ejemplo; en Moscú, los grupos de gente, la masa; y en Tokio, sus misterios (dijo que no dormiría porque la plasmaría tanto de día como de noche).

(En Tokio) Fotografiaba sin entender nada. En Nueva York lo trataba todo como si fuese una primicia informativa, mientras que en Tokio hacía como si cada situación fuese una ceremonia ritual.

William Klein

 

Los rótulos urbanos, los cuales le permitirán trabajar la tipografía y el diseño, también abundan en todas ellas, sirviéndole de base para sus carteles, también presentes en la exposición y calificados por el artista como de letristas, en referencia al movimiento cultural creado en Francia por Isidore Isou tras la II Guerra Mundial.

En este caso, las letras nos hablan de la poética de los sonidos y las onomatopeyas; las palabras no tienen significado alguno, sino que son simplemente un elemento de inspiración para crear y trabajar en una disciplina nueva.

Este letrismo también se encuentra presente en su cortometraje Broadway by Light (1958), así que, una vez más, observamos cómo una disciplina le sirve de puente para llegar a otra.

 

Seguidamente, cronológicamente hablando, encontramos la fotografía de moda, a la cual accedió a partir de sus vínculos con el director artístico de la revista Vogue y sus anhelos autodidactas de entrar en nuevos géneros.

William Klein, sin embargo, no estaba interesado en la moda, tendría siempre una relación de amor-odio con ella; simplemente retrataba las modelos en la calle, lo que había hecho siempre con sus personajes en las grandes ciudades. Así, el fotógrafo se tomó siempre la fotografía de moda como una oportunidad más para usar nuevas técnicas, como sería la del gran angular o las largas exposiciones combinadas con el flash, algo en lo que realmente acabó siendo excelente.

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En la fotografía de moda tuvo plena libertad para hacer lo que quisiese, de ahí que también fuese tan rupturista. Como ejemplo de su trabajo encontramos el hecho de que lleve a la modelo a la calle con la simple finalidad de perder el control de la situación, dejando que sea la ciudad, siempre cambiante, la que entre en la fotografía y consiguiendo, de este modo, fotografías que hablan por sí mismas.

Otro recurso, además del ya mencionado de los espejos, que permitía multiplicar la modelo a pesar de que ésta siempre esté individualizada, encontramos la desaparición de la identidad de las personas que rodean al personaje principal.

 

La fotografía de moda, gracias a sus puestas en escena, sería también, como hemos observado en el caso de los carteles, la puerta de entrada a otra disciplina, en este caso al cine, a su vez un espacio en el que ya había trabajado con esa fotografía en movimiento que tanto atrajo a Fellini.

En 1965, pues, dejaría la fotografía hasta 1980 por el cine, género en el cual filmaría del mismo modo que fotografiaba, es decir, retratando la vida de las ciudades que visitaba. Su primer largometraje sería la mencionada Qui êtes-vous Polly Maggoo? (1966), una sátira sobre el mundo de la moda y la televisión, ese mismo que, paradójicamente, le había permitido entrar en ellos.

Tras esta primera pieza, vendrían documentales, cortometrajes y mediometrajes, tanto de ficción como reales y combinando géneros y estilos continuamente (en el cine encontrará un espacio de total libertad); un total de unas 21 obras, además de los 250 anuncios publicitarios que también realizaría.

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Cronológicamente, el cine y los llamados contactos pintados, de los cuales hemos hablado ya antes, representarán las dos últimas etapas de su vida como artista, a pesar de que en la exposición sea la fotografía de moda la que clausura la muestra y este recorrido que pretende dar a conocer un artista total que, además de esa fotografía por la cual se hizo famoso, cultivó muchos otros géneros y técnicas.

De este modo, los contactos pintados, la unión de la fotografía con ese primer género que cultivó, la pintura, representarán su última gran etapa, la cual se comprenderá entre los años 1990 y 2005, en cierta manera concluyendo con esta revisión también su obra.

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Si os ha gustado la figura de William Klein, además de visitar la exposición temporal de La Pedrera, podéis también saber más de él con este documental:

 

Para más información:

www.lapedrera.com/ca/agenda-activitats-barcelona/exposicions-actuals/william-klein-manifest

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